Actividades Mormonas

 

La Historia de la Conversión de Karl Ivar Sandberg

La primera vez que escuché de los mormones fue en 1923. Estaba estudiando con un amigo mío y leíamos un libro sobre viajes por el oeste. En este libro había una pequeña anotación, tal vez una o dos páginas que hablaban de los Mormones. Le pregunté a mi amigo qué tipo de gente eran. Dijo que tenía un hermano que había estado en la Ciudad de Lago Salado, y había visto el templo y un anciano que era muy amistoso se lo había mostrado. Mi amigo además me manifestó que ellos creían como los antiguos Israelitas en dar diezmos, etc. y que tenían un libro que habían encontrado enterrado en la costa Atlántica, donde unos Israelitas que visitaron este país hace mucho tiempo, lo habían enterrado.

Pronto olvidé todo sobre ello. La siguiente vez, oí de los mormones si mal no recuerdo mientras leía el libro “Pasando fatigas” de Mark-Twain. Esto fue más o menos en 1930. Ya en ese tiempo, estaba algo interesando en la religión. Aunque fui criado en un hogar donde me enseñaron a orar y a creer en Dios, en los años siguientes a 1930 fui casi un ateo por épocas.

Empecé a cultivar la tierra en 1923 y la pasaba solo la mayor parte del tiempo. En el invierno de 1931 leí algunos libros que me hicieron interesar bastante en la religión, de hecho, al final de ese año estaba firmemente convencido de la Divinidad de Cristo y había experimentado un verdadero arrepentimiento; pero parecía que mientras más estudiaba la Biblia y más oía a los diferentes ministros, más confundido me sentía. No podía aceptar las enseñanzas de ninguna iglesia, porque no parecían enseñar las cosas de acuerdo a la Biblia.

Un día conocí a un Ministro Luterano por uno de mis vecinos. Discutimos sobre religión por alrededor de 12 horas. Esta era la primera vez que realmente había hablado con un ministro. Fui especialmente impetuoso con él sobre el tema del bautismo, porque me parecía que la Biblia enseñaba el bautismo por inmersión, lo suficientemente claro como para que cualquiera entendiera. Él ofreció, después de tanto, a llevarme y sumergirme en el tanque de agua de la granja, pero por ahora, había perdido la confianza en él, dado que desde niño he tenido la opinión de que un ministro es una persona sabia que puede responder casi cualquier pregunta con respecto a la religión, y él para mí, parecía ser bastante ignorante. Desde ese día la reverencia que sentía por los ministros desapareció.

Durante los años 1930 y 1931, estudié religión bastante detalladamente y todavía no había encontrado una iglesia que pareciera enseñar de acuerdo a la Biblia.

En la primavera de 1932 tuve la idea de que posiblemente si estudiaba las religiones paganas, a lo mejor encontraría algo que fuera mejor que las enseñanzas de algunas de las religiones que había estudiado. Así que con esto en mente, fui a la biblioteca en Gettysburg, S. D., algunas veces, en marzo de 1932 y pregunté por el Corán. La bibliotecaria me dijo que no tenían ese libro pero que me lo solicitaría a la biblioteca estatal y lo conseguiría. Cuando estaba por irme la bibliotecaria dijo: “Aún tenemos un libro religioso que no ha leído, ‘El Libro de Mormón!’ Un hombre aquí en la ciudad trató de leerlo, pero lo encontró tan aburrido que se fue a dormir pero tal vez a usted sí le guste”. Le dije “he oído sobre los Mormones, pero su religión es de poca importancia, quiero estudiar las principales religiones paganas primero”.

Mientras me iba del edificio, se me vino el pensamiento de que si iba a estudiar todas las religiones paganas (Yo consideraba a los mormones una de ellas) estudiaría el mormonismo tarde o temprano ¿por qué no estudiarla mientras esperaba por el Corán? Así que, con esto en mente regresé y le dije a la bibliotecaria que quería el Libro de Mormón. Me dijo que debería leer primero un libro llamado “Brigham Young”, así sería más fácil para mí entender “El Libro de Mormón”. Así que le pedí que me diera los dos.

Al leer el libro “Brigham Young”, me pareció que el escritor tenía la intención de hablar tanta maldad como podía de la persona. En muchas partes encontré que el escritor contradecía previas declaraciones hechas en el libro. Esto me hizo perder confianza en la veracidad de sus escritos.

Habiendo terminado el libro, empecé con el “Libro de Mormón”, y naturalmente sentí que había empezado a leer un libro de ficción. No había leído muchas páginas antes de descubrir que había encontrado un libro tan admirable, y las lágrimas empezaron a caer por mis mejillas y el espíritu más dulce parecía estar presente. Puedo mencionar aquí que se me hizo costumbre al trabajar por los alrededores, muchas veces al día si acaso el trabajo no estaba atrasado, corría a la casa para leer por un rato. Si leía un libro de ficción, no me habría molestado en sacarme el gorro, pero si leía la Biblia, me lo habría sacado, porque lo consideraba un libro sagrado. Tenía mi gorro puesto cuando empecé a leer el “Libro de Mormón”, pero no pasó mucho sentí que un hombre debería leer un libro así con la cabeza descubierta.

Como lo recuerdo, leí el libro por algo de tres días y pareció tener el espíritu más dulce en él, y hasta donde alcancé a ver el libro podría ser verdadero, pero aún tenía el sentimiento que poco a poco vería dónde el libro se contradiría a sí mismo. Consideré que el libro era muy asombroso, así que lo llevé a un vecino religioso y le dije que lo leyera, pero que debía regresarlo a la biblioteca en tres días. Sentí que mi vecino estaría muy entusiasmado con el libro, pero  cuando regresé a los tres días, lo encontré ridiculizando el libro, diciendo que había sido hecho con varios nombres tomados de la Biblia. Devolví el libro a la biblioteca y todo el verano pensé en él, y aún no encontraba nada en lo que se contradijera, ni a sí mismo, ni a la Biblia.

Ese año (1932), mi hermano trabajaba para mí y una noche de sábado, durante el otoño, mientras se preparaba para ir a Gettysburg, le dije que vaya a la librería y le dijera a la bibliotecaria que yo quería el Libro de Mormón. La mañana siguiente, un domingo, cuando me levanté, vi el libro sobre la mesa de la cocina. Empecé a leer tan pronto como terminé de alimentar a mis animales y esa noche, antes de irme a dormir, había leído el Libro de Mormón por completo. Estaba más impresionado que nunca con el libro. Leí todo el libro nuevamente en dos semanas antes de devolverlo a la biblioteca y para entonces, supe que era verdadero.

Cuando devolví el libro, le dije a la bibliotecaria que escribiera a la biblioteca del estado y les dijera que enviaran todos los libros que tuvieran sobre mormonismo. La respuesta que dieron fue que no tenían tales libros, pero enviaron la dirección de la tienda de libros de Deseret en la Ciudad de Lago Salado, y me dijeron que podía encontrar algunos libros allí. Seguidamente escribí a la tienda de libros y les dije que me enviaran una lista de precios de todos los libros que José Smith haya escrito. La respuesta que me llegó fue que José Smith no había escrito ningún libro, sólo un folleto titulado “Mi Historia” que podría adquirir por 10 centavos. También me enviaron un catálogo de obras SUD. De inmediato ordené un Libro de Mormón y un libro con el título de Revelación de los Últimos Días y también La Perla de Gran Precio. Los libros me impresionaron mucho. No podía entender cómo podían existir libros como El Libro de Mormón o la Perla de Gran Precio sin que nadie hablara de ellos.

En casi dos semanas, pedí “Los Artículos de Fe” de Talmage, y “Apostasía” de Roberts. Hasta este tiempo había sido de la opinión que no había una iglesia sobre la tierra que enseñara de acuerdo a la Biblia pero después de leer los “Artículos de Fe”, sentí que podría ser que los mormones sí.

En los meses siguientes solicité muchos libros SUD y por lo que puedo ver ahora estoy seguro que fui inspirado por el Señor para ordenar los libros que pedí. Naturalmente después de haber leído algunos libros tenía innumerables preguntas a las que me gustaría tener respuesta. Debo decir que el Espíritu del Señor me reveló muchas cosas, las cuales en un estudio posterior fueron corroboradas por las autoridades de la iglesia.

En 1933 tenía un testimonio, sí, puedo decir que tenía un ardiente testimonio del evangelio restaurado y que lo había enseñado a mis amigos. En Julio de 1934 mientras leía el “Argus-Leader” vi una noticia en el periódico que el presidente de la nueva misión estaría en las cataratas Sioux y que ahí se llevaría a cabo una reunión, donde él residiría. También había una foto del presidente de la nueva misión (creo que su nombre era Wilford Richard). En la foto aparecía usando anteojos y el pensamiento que vino a mi mente fue por qué no tenía un élder que lo bendijera para que su visión pudiera ser corregida.

De inmediato escribí a la dirección donde se llevaría a cabo la reunión indicando que me gustaría ser bautizado. La carta me retornó en unos pocos días diciendo que no había nadie viviendo allí.

El año 1934 fue un fracaso para el cultivo y en setiembre contraté a un hombre para que cuidara de mi ganado en el invierno, y salí sólo en mi auto a la Ciudad del Lago Salado, para ser bautizado y quedarme ahí durante el invierno. Al tercer día llegué a Coleville, Utah, justo al límite del estado y se estaba poniendo oscuro, decidí quedarme ahí a pasar la noche y conducir a la Ciudad de Lago Salado a la mañana siguiente. Siendo que estaba en Utah, naturalmente pensé que debería haber algunos mormones ahí, hasta ese momento no había visto absolutamente a ningún mormón. Así que fui a un restaurante, ordené mi cena, y miré con detenimiento a las personas a ver si podía escoger a alguien que fuera un mormón. Podría decir que sentí que quería demasiado ver a un mormón debido a que en mi corazón había un gran cariño por los Santos.

Después de terminar mi cena seguía con la duda de si había un mormón ahí (en los años siguientes fui informado que en la población de Coleville eran casi todos mormones) Fui a un hotel para conseguirme una habitación para pasar la noche, y sentí que el administrador tal vez era mormón dado que me había hablado muy amablemente, sin embargo, no podía tener el valor para preguntárselo porque creí que sería un terrible insulto para él en caso que no lo fuera. Pero estaba determinado a ver a un mormón antes de irme a la cama esa noche mientras manejaba a una estación para abastecer mi auto. Después de poner combustible, me senté para hablar con un hombre ya que no había nadie más allí. Después de un momento él me preguntó a dónde estaba yendo. Le dije que iba a la Ciudad de Lago Salado. Le pregunté si había estado ahí, y me respondió que sí, muchas veces. Le hablé sobre lo que había oído, de que eran casi todos mormones, y que nunca había visto a un mormón. Dijo que él era mormón. Quedé muy sorprendido y le dije que estaba yendo para unirme a la Iglesia Mormona y él dijo que estaba bien. Luego empecé a hacerle muchas preguntas y descubrí para mi decepción que él sabía muy poco sobre la doctrina. Dijo que había sido ordenado diácono años atrás, pero muy difícilmente iba a la iglesia, pero dijo que tenía un hermano que siempre estaba estudiando el evangelio. No le importó tener una discusión sobre el mormonismo, pero me invitó a regresar en otoño y que cazaríamos venados. Tal como lo recuerdo, él fumaba un cigarrillo y le dije que creía que no se esperaba que un mormón fume. Yo mismo había dejado de fumar mientras estudiaba el evangelio.

A la mañana siguiente, conduje hacia la Ciudad de Lago Salado, y lo primero que supe fue que estaba manejado hacia el norte por el lado oeste de la manzana del templo, así que estacioné mi auto ahí, y caminé a través de la Puerta Oeste (Había  visto fotos del templo en los libros que había leído) y era sábado, estaban realizando bautizos en la pila debajo del tabernáculo. El primer hombre que conocí fue el portero y me dijo que podía entrar allí debido a que estaban bautizando. (Después el hombre se hizo un amigo mío muy querido) Le dije que había venido para pedir que me unieran a la Iglesia Mormona. Me dijo que fuera arriba y buscara al guía que estaba hablando con un grupo de turistas frente al museo. Tuve un difícil momento manteniendo mis emociones bajo control. Estaba tan feliz de estar ahí y el más maravilloso espíritu reposó en mí.

Seguí al grupo de turistas hasta que los dejaron dentro de la Oficina de Información, luego me acerqué al guía y le dije que quería unirme a la Iglesia.

Me miró bastante sorprendido y después de hablarme por aproximadamente medio minuto me dijo que vaya con él a ver al Hermano Perry, el Presidente de Misión de la Manzana del Templo. Así que me presentaron con él donde inmediatamente indiqué mis deseos. Él me miró con detenimiento y dijo ¿Dónde contactó a nuestros misioneros? Yo mencioné que nunca había contactado a uno, de hecho nunca había visto a un mormón hasta la noche anterior. Dijo ¿Qué sabes de nosotros y nuestra doctrina? Y yo dije ‘sé que es la iglesia verdadera’ y me preguntó ¿cómo lo sabes? Respondí que por medio de los libros que había leído. Luego las preguntas continuaron. ¿Has leído ese libro? ¿Y ese libro? Mencioné cerca de 25 libros que había leído y podía ver que él miraba al guía y maravillado preguntó, ¿Sabe usted que se supone que pagará diezmos? Le dije que sí. Luego llamó a varios guías y les dije cómo me había convertido mientras me hacían preguntas. Tenía la impresión de que era un hecho de todos los días que la gente llegara y pidiera ser bautizada, sin embargo, supe que no era así.

Después de un tiempo el Hermano Perry dijo que podía ser bautizado en cualquier momento pero siendo ya el día sábado, me preguntó si podía esperar hasta el lunes. Luego le dijo al guía que yo había contactado y dijo, Hermano Christensen, será su deber buscarle un buen hotel al hermano Sandberg y llevarlo a una de las capillas en la mañana. Pasé un día encantador en el templo escuchando a los guías explicar el Evangelio a los turistas pero bajo un gran estrés emocional estando tan feliz. Mi guía me llevó a la vigésima capilla del distrito el domingo por la mañana y siendo la conferencia la siguiente semana habían adelantado el domingo de ayuno así que fue la primera reunión de ayuno a la que había asistido y ahí compartí mi testimonio del evangelio en frente de toda la congregación luego de lo cual mi guía habló sobre mi conversión, y cómo me regocijé de escuchar a los Santos compartir sus testimonios. Supe entonces por qué tenía este amor tan grande por los Santos en mi corazón. Estaba al fin entre los verdaderos hermanos y hermanas. Después de la reunión pareció que casi todos vinieron a estrechar mi mano.

Fui bautizado el siguiente lunes siendo el primero de octubre de 1934 y mi guía me preguntó si él podía bautizarme delante de un grupo de turistas y le dije que estaría bien por mí. La sala de bautismo estaba casi llena de  turistas cuando me bautizaron y después de salir del agua, parado al frente, compartí mi testimonio del Evangelio ante el grupo de turistas. El Presidente Perry me dijo que volviera al día siguiente y me confirmarían.

Esa noche fue una de las más tristes noches que pasé en mi vida. Parecía haber algo diciéndome que me fuera de la Ciudad de Lago Salado inmediatamente pues si no recibía la imposición de manos para recibir el Espíritu Santo, no podría pecar contra Él. Recuerdo no haber podido dormir en toda la noche y haber sufrido terribles agonías mentales siendo continuamente impulsado a dejar la ciudad. A la mañana siguiente fui a la caseta de información del Templo y le dije al Presidente Perry lo que me había sucedido la noche anterior y le dije que si quería confirmarme lo hiciera de inmediato porque no iba a pasar otra noche como esa y podría irme en cualquier momento. Me escuchó atentamente y dijo, Wow Hermano Sandberg, ha sido tentado por el mal toda la noche. Fui confirmado esa misma hora y nunca más sufrí esa agonía mental. Puede decirse que durante esa noche nunca pensé que estaba siendo tentado por un espíritu indigno.

Me quedé en la Ciudad de Lago Salado hasta el 14 de febrero de la siguiente primavera. Trabajando unos días en una planta de envasado pero pasando la mayor parte del tiempo en el templo visitando con los guías y turistas y asistiendo a la iglesia los domingos. También asistía a la escuela nocturna. Fui ordenado élder antes de dejar Lago Salado en la primavera y no es necesario decir que había obtenido un mejor entendimiento del evangelio y de los miembros mormones.

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Perspectivas SUD sobre la Educación

Los miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días creen que la búsqueda de una buena educación es un mandamiento directo de Dios.  En Doctrina y Convenios, Sección 109, versículo 7, dice: “Y por cuanto no todos tienen fe, buscad diligentemente y enseñaos el uno al otro palabras de sabiduría; sí, buscad palabras de sabiduría de los mejores libros; buscad conocimiento, tanto por el estudio como por la fe”.  Los Santos siempre han intentado respetar este mandamiento, pero cuando les llegó el momento de dirigirse al Oeste, sintieron una necesidad especial de prestarle atención.  Ellos se iban a trasladar a un desierto aislado y se dieron cuenta de todo lo que tendrían que llevar consigo con el fin de enseñarles a sus hijos.  En diciembre de 1847, una epístola general fue emitida a los Santos desde Winter Quarters instándoles a llevar consigo todo el material educativo que pudieran.

Familia mormona enseñando a sus hijos

“Es muy deseable que todos los Santos aprovechen todas las oportunidades de conseguir al menos una copia de cada tratado valioso sobre educación—todo libro, mapa, gráfico o diagrama que pueda contener materias interesantes, útiles y atractivas para conseguir la atención de los niños, y hacer que ellos amen el aprender a leer; y también todo escrito histórico, matemático, filosófico, geográfico, geológico, astronómico, científico, práctico y toda otra variedad de escritos, mapas, entre otros que sean interesantes y útiles para presentarlos al Registro General de la Iglesia cuando lleguen a su destino, de los cuales se pueda obtener datos importantes e interesantes para compilar las obras más valiosas sobre toda ciencia y materia en beneficio de las nuevas generaciones” (Millennial Star, 10:85 ).

La respuesta de los Santos dio origen a la apertura de una biblioteca pública gratuita en la Ciudad de Lago Salado en 1850.  Los materiales también permitieron que Mary Dilworth abra la primera escuela a finales de 1847.  Sus clases también se dirigieron a los adultos cuando obtuvo más material, y en 1850 (antes de que Utah se organizara incluso como un territorio de los Estados Unidos), se formó la Universidad de Deseret, hoy en día la Universidad de Utah.  Aunque la universidad luchó por crecer durante varios años, debido a los recursos, en 1876, llegó a convertirse en una organización sólida.

Además de la educación, tal como la que podían tener en cada comunidad, los Santos también tenían entretenimiento.  El Libro de Mormón enseña que “los hombres existen para que tengan gozo” (2 Ne. 2:25).  La doctrina mormona también enseña que el cuerpo no es una prisión, no es algo negativo, sino que el cuerpo, combinado eternamente con el espíritu, crea el alma y los medios para recibir una plenitud de gozo.  Así, el baile, los deportes y el teatro fueron actividades promovidas, y cada comunidad tenía un espacio que podía utilizar para estos fines.

Después de que Utah fuera oficialmente un territorio de los Estados Unidos; sin embargo, y a medida que personas de otras creencias empezaron a unirse a sus comunidades, surgieron conflictos en los sistemas escolares.  Todas las escuelas de la Iglesia enseñaban aspectos espirituales y seculares, pero cuando las escuelas estuvieron bajo la jurisdicción federal, ya no se podía enseñar las escrituras en las escuelas públicas y se prohibió que las clases se realicen en los edificios de la iglesia.  En muchas áreas, la Iglesia aún tenía escuelas privadas, pero los costos eran demasiados altos, sobre todo porque todos los ciudadanos tenían que pagar un impuesto a la educación de todos modos.  Con los prejuicios creciendo, muchas congregaciones protestantes empezaron a abrir escuelas privadas gratuitas, y muchos de los hijos de los Santos no podían permitirse el lujo de no asistir a estas escuelas.

Para intentar y crear mejores ambientes de aprendizaje espiritual para los Santos, la Iglesia comenzó a organizar academias.  La primera fue Brigham Young Academy, que fue fundada en 1875 en Provo, Utah.  Le siguió otra en Logan, y a continuación, los líderes locales fueron instruidos para establecer una academia en cada estaca (área formada por varios barrios, bajo la dirección de un presidente de estaca).  En 1907, la Iglesia había organizado treinta y cinco academias, pero muchas de ellas no duraron mucho tiempo porque carecían de los fondos necesarios.  Sin embargo, la Iglesia mantuvo ocho academias abiertas y las amplió para capacitar a nuevos maestros.  Estas academias fueron: Brigham Young University en Provo, Brigham Young College en Logan; Weber Normal College en Ogden; Dixie Normal College en St. George; Snow Normal College en Ephraim; Ricks Normal College en Rexburg, Idaho; Mesa Normal College en Arizona; y Academia Juárez en México.  La mayoría de estos establecimientos aún funcionan hoy en día como instituciones plenamente acreditadas, aunque algunas de ellas fueron puestas a disposición del Estado con la condición de que sean manejadas como universidades.

No obstante, la Iglesia no descuidó la enseñanza espiritual.  En 1912, la Iglesia comenzó a construir instalaciones adyacentes a los colegios secundarios para establecer seminarios.  Una vez que se obtenía el permiso, los estudiantes de secundaria tenían la libertad de asistir a una clase de religión cada día.  Si el colegio no concedía el permiso, entonces la Iglesia realizaba clases muy temprano en la mañana antes del inicio de las clases del colegio.  El programa fue un éxito y la Iglesia finalmente lo instituyó en sus estacas y barrios de todo el mundo.  Cuando esta disposición es imposible o poco práctica, los estudiantes tienen a su disposición un programa de estudio en el hogar.

Gracias al éxito del programa de seminario, la Iglesia se expandió para crear un programa de instituto para los estudiantes de nivel universitario.  La Iglesia se dio cuenta de que no podía construir academias o universidades en cada ciudad grande de los Estados Unidos, por lo que optó por esta vía.  En 1970, ambos programas habían sido implementados en todos los cincuenta estados de los Estados Unidos, desde provincias en Canadá hasta Inglaterra, Alemania, Argentina, Brasil, Nueva Zelanda y Australia.  En la actualidad, los programas del Instituto están disponibles en la mayoría de ciudades con instituciones de educación superior.

La Universidad Brigham Young en Provo siguió creciendo y ahora es la universidad más grande relacionada con una iglesia en los Estados Unidos.  La mayoría de docentes son miembros de la Iglesia.  La universidad hace cumplir un código de alta moral y puede enseñar muchos principios seculares desde un punto de vista religioso.  Ahora, los alumnos matriculados alcanzan los 25,000, y la universidad continúa mejorando la calidad de la educación.  La universidad ahora es considerada “muy selectiva” con los postulantes, y se encuentra muchas veces entre las 50 primeras instituciones de negocios y derecho, de acuerdo con U.S. News and World Report. La BYU también tiene programas innovadores de ingeniería y animación artística que se interconectan con las empresas en el mercado.  Otras universidades de la Iglesia incluyen BYU-Hawái y BYU-Idaho

Establecida como la Universidad de la Iglesia en Hawái en 1955, BYU-Hawái fue construida con el propósito de ofrecer oportunidades educativas a los habitantes de las islas del Pacífico, que de otra manera no tenían esa oportunidad.  En 1963, se estableció el Centro Cultural Polinesio con el fin de preservar muchas de las culturas del Pacífico.  Los mormones creen que los habitantes de las islas del Pacífico son descendientes de los pueblos del Libro de Mormón y se han acercado a ellos con el evangelio.  La Iglesia ha sido bien recibida entre los isleños, y muchos asisten a la BYU-Hawái y trabajan en el Centro para ganar dinero para inscribirse en la universidad antes de regresar a sus islas nativas.

BYU-Idaho fue fundada originalmente en 1888 como Bannock Stake Academy y más adelante llegó a ser conocida como Ricks Normal College, y finalmente como Ricks College, nombre que se mantuvo hasta 2001, cuando se convirtió en la BYU-Idaho.  Ahora convertida en una universidad de cuatro años, BYU-Idaho ofrece muchos grados de formación profesional.  En la actualidad, las tres universidades tienen el mismo sistema de funcionamiento de tres vías en los semestres de otoño, invierno y primavera-verano, en lugar de los clásicos semestres de otoño e invierno.  Cada universidad es respetada y sigue ofreciendo educación valiosa a sus estudiantes en un ambiente enriquecedor y espiritual.

LDS Business College, situada en Salt Lake City, Utah, es la última institución educativa de propiedad de la Iglesia.  Originalmente fundada en 1886 como Salt Lake Academy, la LDS Business College es la única institución comercial en los Estados Unidos poseída y operada por un organismo religioso que ha sido admitido en la National Association of Accredited Commercial Schools.

La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días también tiene escuelas primarias y secundarias en todo el mundo en áreas donde la escolarización no está disponible para sus miembros.  Su enfoque en el aprendizaje va más allá de los institutos y universidades y alienta a todos sus miembros a estudiar y leer por su cuenta, sin dejar de aprender y enseñar a lo largo de su vida.

En 2001, el presidente Gordon B. Hinckley anunció la creación del Fondo Perpetuo para la Educación (FPE).  Este programa fue inspirado por el Fondo Perpetuo para la Emigración, que hizo que la inmigración de miles de Santos sea posible en los primeros días de la Iglesia.  Mientras los Santos se reunían en Sión, había muchos pobres que no podían pagar el viaje a Utah.  La Iglesia organizó un programa en el que los individuos podían ser objeto de préstamo de dinero para el pasaje, dinero se podría devolver después de su llegada y de haber trabajado en cualquier actividad.  El Fondo Perpetuo para la Emigración se interrumpió cuando ya no había necesidad de ello.  Hoy en día, sin embargo, la reunión de Sión se ha redefinido a partir de la reunión de Utah para ayudar a construir Sión (una comunidad de aquellos puros de corazón) en su propio país.  La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días es ahora una iglesia internacional y ha reconocido que muchos de sus miembros están atrapados en un ciclo de pobreza.  Para ayudarles a romper este ciclo, la Iglesia formó el FPE.  Entre las obras del PEF, los individuos dignos reciben un préstamo para seguir una educación en un ámbito específico.  Después de obtener la educación deseada y encontrar un empleo remunerado, estas personas pagan sus préstamos, con un interés bajo, al fondo, lo que permite que otros necesitados también se beneficien del programa.  El PEF es un proyecto financiado en gran parte por donantes y no le cuesta mucho a la Iglesia.  Debido a que las personas lo utilizan correctamente, crecerá y seguirá permitiendo que otros también se beneficien.

“Donde haya pobreza generalizada entre los de nuestro pueblo, debemos hacer todo lo que podamos para ayudarles a elevarse, a establecer su vida sobre el fundamento de la autosuficiencia que brinda la instrucción. La educación es la clave de la oportunidad. Los estudios deben cursarlos [los participantes] en las regiones donde viven, puesto que de ese modo se adaptarán a las oportunidades que haya en ellas. Y costarán mucho menos en esos lugares que lo que costarían si se cursaran en los Estados Unidos, en Canadá o en Europa”, dijo el presidente Hinckley.

Este programa ha estado funcionando y bendiciendo la vida de las personas desde entonces y continúa haciéndolo hoy en día.  Los mormones continúan encontrando maneras de cumplir con el mandamiento de buscar conocimiento y sabiduría, pero no olvidan ayudar a otros a hacer lo mismo.

Fuentes:

The Latter-day Saints: A Contemporary History of the Church of Jesus Christ, William E. Berrett, 1985

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Desarrollo del Programa de Bienestar de la Iglesia

La Gran Depresión golpeó mucho a los Estados Unidos el 29 de octubre de 1929.  Sus efectos alcanzaron a todos, los Santos no fueron la excepción.  En 1932 el desempleo en Utah había alcanzado la asombrosa cifra de 35.9 por ciento.  Muchos estaban dispuestos a trabajar, pero no podían encontrar un empleo.  La gente tenía que hacer colas para comprar pan y tratar de mantener a su familia.  La Iglesia como organización también fue muy golpeada.  Las donaciones de los diezmos bajaron desde $ 4 millones en 1927 hasta $ 2.4 millones en 1933 debido a la caída repentina de los ingresos.

Granero

Desde antes de la Gran Depresión, la Iglesia contaba con un programa de bienestar, pero no estaba estandarizado.  El Obispado Presidente y la Presidencia General de la Sociedad de Socorro ya se ocupaban activamente de ayudar a los necesitados a encontrar un trabajo, mantenían un almacén y ayudaban de todas las maneras posibles.

Con el Nuevo Trato del presidente Franklin D. Roosevelt, los líderes de la Iglesia notaron que una apatía y  sentido del derecho se filtraban en la actitud de los Santos.  El presidente Heber J. Grant señaló: “Muchos han dicho…: ‘¿Y qué?  Si otros reciben algo [de ayuda del gobierno], ¿por qué no he de recibir yo también?

“Creo que va predominando entre la gente la tendencia a tratar de conseguir algo del gobierno de los Estados Unidos sin posibilidades de llegar a pagarlo nunca.  Y pienso que es un gran error”.

Los líderes de la Iglesia querían encontrar una manera de ayudar a los miembros que luchaban mientras tomaban los consejos de las Escrituras, “Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Levítico 19:18), pero sabían que estaba mal que la gente sea ociosa y obtenga algo sin nada a cambio.  Sobre la base de los fundamentos del sistema de bienestar que ya tenía, la Iglesia comenzó a desarrollar y aplicar los principios recibidos a través de la revelación.  Sylvester P. Cannon, el obispo presidente en 1930, describió el objetivo “asegurarse de que ninguno de los miembros activos de la Iglesia sufra la carencia de los artículos de primera necesidad… La labor de la Iglesia… consiste en ayudar a las personas a ayudarse a sí mismas.  Nuestra norma es auxiliarlas para que se hagan independientes… en lugar de tener que depender del socorro de la Iglesia”.

Los diferentes barrios manejaron esto de distintas maneras. Algunos pusieron en funcionamiento clases de costura y enlatado de alimentos mientras que otros crearon proyectos para que los miembros trabajen juntos en beneficio de todos.  En julio de 1933, la Primera Presidencia dio a conocer los principios fundamentales de asistencia que podrían aplicarse en toda la Iglesia.  La Primera Presidencia dijo: “Nuestros miembros capacitados no deben pasar la vergüenza de aceptar algo sin dar nada a cambio, a menos que sea como último recurso… Los oficiales de la Iglesia que administren la asistencia deben buscar los medios por los cuales todo miembro capacitado de la Iglesia que se encuentre en situación de necesidad pueda compensar la ayuda recibida rindiendo a cambio algún tipo de servicio”.  Los líderes de la Iglesia también hicieron hincapié en la importancia de vivir con rectitud, de acuerdo con la economía y con moderación”.

En 1935 Harold B. Lee fue llamado a introducir el programa de bienestar en toda la Iglesia.  Después de un año de preparación y revisión de los principios de la Iglesia ya implementados, los líderes de la Iglesia celebraron una sesión extraordinaria para las presidencias de estaca y los obispados de barrio.  En esta reunión se refirieron al hecho de que una sexta parte de todos los miembros de la Iglesia recibía ayuda pública y que muchos de ellos no daban nada a cambio. La Primera Presidencia amonestó a los líderes a “estimular de nuevo el deseo de independencia económica entre los Santos de los Últimos Días”.

A los maestros de barrio (ahora llamados maestros orientadores) se les dio la responsabilidad, al igual que a las hermanas de la Sociedad de Socorro, de “descubrir y evaluar” la magnitud de las necesidades de los miembros del barrio.  También se exhortó a los miembros a aumentar sus ofrendas de ayuno con el fin de crear una base para el programa de bienestar.  El programa comenzó a nivel de barrio y aumentó en jerarquía a nivel de estaca, luego a nivel regional, y en última instancia a nivel de Obispado Presidente.

A medida que el programa de bienestar se desarrollaba, los líderes de la Iglesia expresaban continuamente a los Santos la necesidad de trabajar, el deseo de trabajar, el ahorro, el trabajo y la recuperación de su autoestima.  J. Reuben Clark, quien fue llamado a ayudar con el programa de bienestar, habló sobre el tema en la conferencia general de abril de 1937, un discurso que aún es citado a menudo hoy en día:

“Evitemos las deudas como si evitaríamos una plaga…

“Que todo cabeza de familia se esfuerce por tener alimentos y ropa, y, si es posible combustible también, por lo menos para todo un año… Que todo cabeza de familia tenga como meta ser propietario de su casa, libre de hipotecas.

“Cubrámonos otra vez con estas bien probadas y nobles virtudes: la honestidad, la veracidad, la castidad, la sensatez, la templanza, la industria y la economía; desechemos toda codicia y ambición injusta”.

Con los principios instaurados y con la fe de los Santos en juego, las ofrendas de ayuno aumentaron tanto en tamaño como en número.  Los barrios y las estacas, así como la organización de la Iglesia misma, continuaron adquiriendo granjas, envasadoras y otras empresas que produjeran para sí mismas.  Las organizaciones de la Sociedad de Socorro ayudaron a impartir cursos de costura, panadería y conservación de alimentos.  En 1938, los mormones fundaron Industrias Deseret para ofrecer empleos a los que no podían encontrar uno y para garantizar que los bienes no sean descartados innecesariamente. Aún funciona hasta la actualidad.

Industrias Deseret mormonas

Los que han recibido y reciben ayuda a través del programa de bienestar tienen la oportunidad de trabajar por lo que reciben o pagar de cualquier manera.  El programa de bienestar es una organización en funcionamiento y es dirigida de manera eficiente.  Su objetivo es ayudar a la gente a ayudarse a sí misma.  Tiene muchas facetas, tales como suministrar alimentos, artículos para el hogar y ropa a aquellos que de otra manera no se lo pueden permitir.  Cuenta con instalaciones de capacitación laboral y talleres, e incluso proporciona servicios de adopción y asesoramiento.  Los miembros son animados a ser voluntarios en las numerosas instalaciones como forma de servicio a los menos afortunados.

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Doctrina mormona con respecto a los profetas

La doctrina mormona establece el modelo de Dios de revelación: Profetas y Escritura

La doctrina mormona afirma la creencia en los profetas, tanto en los antiguos como en los modernos. Dios, según la doctrina mormona, desea hablar con los hombres y enseñarles Su verdad. El apóstol Pedro enseñó que “ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada. Porque la profecía nunca fue dada por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo.” (2 Pedro1:20-21). La Biblia contiene un registro de las relaciones de Dios con los profetas en aquellos días y la escritura moderna contiene un registro de las relaciones de Dios con los profetas en tiempos modernos. Los mormones creen que los cielos no se cerraron luego del registro bíblico, y que Dios aún habla a Sus hijos en la actualidad, así como lo hizo en el pasado.

 De acuerdo con la doctrina mormona, un profeta es más que alguien que solo dice el futuro. De hecho, un profeta cumple muchos roles. Según Apocalipsis, “el testimonio de Jesús es el espíritu de profecía” (Apocalipsis 19:10). Esto significa que cualquiera que tenga un testimonio de Jesús como Salvador y Redentor tiene el espíritu de profecía. El deber más importante de un profeta es enseñar y testificar de Jesucristo. Los profetas también reciben instrucción de Dios dirigida especialmente para las personas de ese tiempo. Por ejemplo, mediante Sus profetas, el Señor específicamente enumeró los pecados del pueblo de Jerusalén y les advirtió de su futura destrucción por parte del pueblo de Babilonia.         

Pedro otra vez nos ayuda a entender la manera en que Dios enseña a Sus hijos. Dios escoge ciertas personas para ser testigos de Él y de Su verdad, pero especialmente de Jesucristo. Pedro dijo: “Nosotros somos testigos de todas las cosas que Jesús hizo en la tierra de Judea y en Jerusalén, a quien mataron, colgándole en un madero. A éste levantó Dios al tercer día e hizo que se apareciese, no a todo el pueblo, sino a los testigos que Dios había escogido de antemano” (Hechos 10:39-41). Dios no se revela a Sí mismo a cualquier persona, por el contrario escoge a “testigos” que llamamos profetas.

 De acuerdo a Pedro, Jesucristo “mandó a [estos profetas/testigos] que predicásemos al pueblo y testificásemos que él es el que Dios ha puesto por Juez de los vivos y de los muertos”. (Hechos 10:42). Mientras el pueblo escuche las palabras de los profetas, el Espíritu Santo confirma la verdad de este mensaje (ver Hechos 10:44). Una vez que el Espíritu Santo nos testifica que las palabras del profeta son verdaderas, los profetas nos invitan a seguir a Jesús al bautizarse y al seguir los mandamientos.      

La doctrina mormona sostiene la creencia de que Dios siempre ha llamado a profetas. El profeta Amós escribió que “Porque no hará nada Jehová el Señor sin que revele su secreto a sus siervos los profetas” (Amós 3:7). Pablo nos dice “Y a unos puso Dios en la iglesia, primeramente apóstoles, luego profetas, lo tercero maestros, luego milagros; después los dones de sanidades; ayudas, administraciones y diversidades de lenguas”. (1 Corintios 12:28). La doctrina mormona expresa que los Apóstoles también son profetas, ya que enseñan acerca de Jesucristo según sus testimonios personales sobre Él. Los apóstoles son aquellos profetas que Dios coloca a la cabeza de su Iglesia. Ellos revelan la palabra de Dios. Así como las escrituras de los antiguos profetas llegaron a ser escrituras, las palabras de los profetas modernos llegan a ser escrituras. Doctrina y Convenios, que contiene las revelaciones entregadas a los profetas modernos, explica:     

Y lo que hablen cuando sean inspirados por el Espíritu Santo será Escritura, será la voluntad del Señor, será la intención del Señor, será la palabra del Señor, será la voz del Señor y el poder de Dios para salvación (Doctrina y Convenios 68:4, ver también 2 Pedro1:20-21).

José Smith y los profetas modernos

El primer profeta de nuestros días fue José Smith. José nació el 23 de Diciembre de 1805. Cuando era joven, habiendo crecido al norte de Nueva York, tuvo problemas por los conflictos y diferencias entre las diferentes denominaciones de su tiempo. Describió sus sentimientos de esta manera: 

Durante estos días de tanta agitación, invadieron mi mente una seria reflexión y gran inquietud; pero no obstante la intensidad de mis sentimientos, que a menudo eran punzantes, me conservé apartado de todos estos grupos, aunque concurría a sus respectivas reuniones cada vez que la ocasión me lo permitía. Con el transcurso del tiempo llegué a inclinarme un tanto a la secta metodista, y sentí cierto deseo de unirme a ella, pero eran tan grandes la confusión y la contención entre las diferentes denominaciones, que era imposible que una persona tan joven como yo, y sin ninguna experiencia en cuanto a los hombres y las cosas, llegase a una determinación precisa sobre quién tenía razón y quién no.

 En medio de esta guerra de palabras y tumulto de opiniones, a menudo me decía a mí mismo: ¿Qué se puede hacer? ¿Cuál de todos estos grupos tiene razón; o están todos en error? Si uno de ellos es verdadero, ¿cuál es, y cómo podré saberlo? (José Smith – Historia 1:8,10)

José describió cómo a menudo miraba las estrellas y reflexionaba sobre Dios. Él sabía que Dios vivía y que Jesucristo era el Salvador, pero escuchó tantas enseñanzas  contradictorias, que no entendía cuáles eran ciertas y cuáles no. Finalmente, empezó a estudiar la Biblia. Un día, él leyó en Santiago1:5 que dice:   

Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, quien da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada.

Él sabía que podía preguntar a Dios y que no sería reprochado, es decir, reprendido. Acerca de su experiencia, él dijo:

Ningún pasaje de las Escrituras jamás penetró el corazón de un hombre con más fuerza que éste en esta ocasión, el mío. Pareció introducirse con inmenso poder en cada fibra de mi corazón. Lo medité repetidas veces, sabiendo que si alguien necesitaba sabiduría de Dios, esa persona era yo; porque no sabía qué hacer, y a menos que obtuviera mayor conocimiento del que hasta entonces tenía, jamás llegaría a saber; porque los maestros religiosos de las diferentes sectas entendían los mismos pasajes de las Escrituras de un modo tan distinto, que destruían toda esperanza de resolver el problema recurriendo a la Biblia. Finalmente llegué a la conclusión de que tendría que permanecer en tinieblas y confusión, o de lo contrario, hacer lo que Santiago aconsejaba, esto es, recurrir a Dios. Al fin tomé la determinación de “pedir a Dios”, habiendo decidido que si él daba sabiduría a quienes carecían de ella, y la impartía abundantemente y sin reprochar, yo podría intentarlo (José Smith – Historia 1:12-13).

Un tiempo después José Smith fue al bosque cerca de su casa en Palmyra, para orar. Él oró en voz alta y al inicio, sintió algo que trataba de detenerlo, pero reuniendo toda su fuerza, él continuó. Él dijo:    

Precisamente en este momento de tan grande alarma vi una columna de luz, más brillante que el sol, directamente arriba de mi cabeza; y esta luz gradualmente descendió hasta descansar sobre mí. No bien se apareció, me sentí libre del enemigo que me había sujetado. Al reposar sobre mí la luz, vi en el aire arriba de mí a dos Personajes, cuyo fulgor y gloria no admiten descripción. Uno de ellos me habló, llamándome por mi nombre, y dijo, señalando al otro: Éste es mi Hijo Amado: ¡Escúchalo! (José Smith – Historia 1:16-17).  

Ese momento, José Smith el Profeta vio a Dios y a Jesucristo, Jesús le dijo que sus pecados eran perdonados y que Dios no quería que se uniera a ninguna de las iglesias existentes. Luego José aprendería que él sería llamado para ser profeta como Moisés, Isaías, Juan el Bautista o Pablo. Los mormones llaman a esta experiencia, la Primera Visión.     

Tiempo después, cuando nuevamente estuvo orando, se le apareció un ángel y le habló sobre un libro, escrito en planchas y enterrado en una colina cercana. Después  de algunos años, el ángel se le apareció nuevamente y le entregó los registros. A partir de este registro, utilizando el poder de la inspiración de Dios, José tradujo el Libro de Mormón, de donde los Mormones reciben su apelativo. Según la doctrina mormona, el Libro de Mormón es un registro antiguo que cuenta la historia de los habitantes de las antigua América.         

Desde el tiempo en que se publicó el Libro de Mormón en 1829, hasta el tiempo de su muerte en 1844, José Smith dirigió la Iglesia Mormona como un Profeta de Dios. Durante su corta vida, el Profeta José Smith estableció ciudades, produjo volúmenes de escrituras, y envió misioneros a todo el mundo. Él estuvo involucrado en la construcción de templos, sirvió como alcalde de Nauvoo, Ilionois, e incluso fue candidato a la presidencia de los Estados Unidos.     

Sin duda, él fue un personaje controversial de la historia de América, debido a que él desafió los credos establecidos, él atrajo mucha persecución. El 27 de junio de 1844, mientras estaba en la cárcel en Cartago, José Smith y su hermano Hyrum fueron asesinados por la muchedumbre integrada por hombres que tenían las caras pintadas de color negro. Quien lo sucedió como profeta fue Brigham Young.

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Palabra de Sabiduría

Los mormones creen que las cosas físicas y espirituales se influyen mutuamente. Por ejemplo, cuando alguien está enfermo físicamente, a menudo esa persona se siente emocionalmente agotada también. Lo mismo sucede con una persona que se encuentre espiritual o emocionalmente deprimida, también se sentiría enferma físicamente. En el libro de Doctrina y Convenios, el cual contiene las revelaciones de Jesucristo a los profetas modernos como José Smith, el Señor dice:

Por tanto, de cierto os digo que para mí todas las cosas son espirituales; y en ninguna ocasión os he dado una ley que fuese temporal, ni a ningún hombre, ni a los hijos de los hombres, ni a Adán, vuestro padre, a quien yo creé. (Doctrina y Convenios 29:34)

Esto significa que todos los mandamientos que Dios nos da son espirituales, aun cuando ellos tratan de cosas temporales como la salud física. El Señor desea que todos nosotros cuidemos nuestro cuerpo. Nuestros cuerpos son regalos de Dios y son necesarios para nuestra felicidad. En una revelación dada al profeta José Smith, el Señor nos da instrucciones de cómo cuidar nuestros cuerpos. Ésta revelación es conocida como la Palabra de Sabiduría y se encuentra en Doctrina y Convenios, sección 89.

Según lo que dice en la Palabra de Sabiduría, existen ciertas comidas y bebidas que Dios nos ordena que evitemos y otras que Él nos anima a usar.  La mayoría de las personas saben que los mormones no beben alcohol ni café, ni fuman cigarrillos. Estos “impedimentos” son a veces mejor conocidos como las “prescripciones”, pero ambos son importantes. Es importante conocer y guardar ambos.

Las Prescripciones

Se nos manda ingerir las siguientes cosas con moderación y gratitud
(ver versículo11)

  • Toda fruta y hierba saludable (10-11)
  • Carne de animales y aves para ser utilizada con moderación (12-13)
  • Todo grano como sostén de vida (16)

Las Prohibiciones

Hay ciertas cosas que se nos manda evitar, ya que son perjudiciales tanto para nuestros cuerpos como para nuestros espíritus. Éstos son:

  • Vino y bebidas fuertes (es decir, que contengan alcohol). (5-6)
  • Tabaco (8)
  • Bebidas calientes  (té negro y café) (9)

Los profetas modernos además agregaron, por medio de revelación, que debemos evitar el uso de drogas perjudiciales como la marihuana, opiáceos, cocaína y otras más, debido a que causan daño físico y espiritual. Otras drogas fuertes, como analgésicos, deben ser usados cuidadosamente y con la supervisión de un doctor.

A aquellos que guardan la Palabra de Sabiduría evitando todas esas cosas que se prohíbe, se les promete grandes bendiciones. La revelación dice:

Y todos los santos que se acuerden de guardar y hacer estas cosas, rindiendo obediencia a los mandamientos, recibirán salud en el ombligo y médula en los huesos; y hallarán sabiduría y grandes tesoros de conocimiento, sí, tesoros escondidos; y correrán sin fatigarse, y andarán sin desmayar. (Doctrina y Convenios 89:18-20)

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Deidad de los mormones

La deidad en la creencia mormona

El primer artículo de Fe de la Iglesia Mormona dice simplemente que Nosotros creemos en Dios, el Eterno Padre y en Su Hijo Jesucristo y en el Espíritu Santo. Éste es el principio básico del mormonismo: Dios es omnipotente, omnisciente y omnipresente creador del universo y de toda la raza humana. Su Hijo Unigénito, Jesucristo, sufrió y murió por nosotros en la cruz del calvario, para que toda la raza humana pueda ser salva a través de la fe y arrepentimiento en Su nombre.

Los mormones no creen en la Trinidad (tres personajes en una sola entidad con Dios como una entidad espiritual que vino a la tierra personificado) mientras que algunos cristianos sí. Lo que los mormones sí creen es en el Padre, Hijo y Espíritu Santo como una Deidad que son tres personajes distintos que son uno en poder, conocimiento, gloria, perfección, amor y propósito. Dios el padre y Jesucristo tienen cuerpos gloriosos y resucitados de carne y hueso, mientras que el Espíritu Santo es un personaje de espíritu. La lógica en este conocimiento es inevitable–todas las religiones cristianas profesan una creencia en la resurrección de Jesucristo. ¿Por qué resucitó si ese no es el estado inmortal perfeccionado que todos deseamos? ¿Por qué iba a resucitar y luego volver a la trinidad espiritual que es Dios?

Dios El Padre

Los mormones creen que Dios el padre es omnipotente, (Alma 26:35, pág. 275), omnisciente, (Mosíah 4:9, pág. 155) y que Su Espíritu puede ser percibido por todas las personas, en todo lugar (Salmos 139:7-12). Él posee una absoluta perfección de todos los buenos atributos; Él es misericordioso, amoroso, paciente, veraz, y no nos juzga por nuestras apariencias externas. Aunque los mormones leen las escrituras para buscar información instructiva sobre Dios, sus conocimientos básicos acerca de su naturaleza provienen de revelaciones dadas a profetas modernos como José Smith. Él vio a Dios el Padre y a Su Hijo, Jesucristo. Vio por si mismo que son personajes separados, pero unidos en perfección y propósito.

Los mormones adoran al Padre Celestial como Dios, oran a Él en el nombre de Su Hijo, Jesucristo, y se dan cuenta que literalmente somos sus hijos (Hechos 17:28). Cada uno de nosotros es un hijo o hija espiritual de Dios, quien nos conoce personalmente y desea que todos sus hijos se amen unos a otros y hallen la felicidad. La Iglesia Mormona emitió esta declaración en 1995:

Todos los seres humanos–varón y mujer–somos creados a la imagen de Dios. Cada uno es un hijo o hija espiritual amado de padres celestiales, y por consiguiente, cada uno posee naturaleza y destino divinos.

Dios ha creado esta tierra para nosotros, para que podamos vivir en ella y obtener experiencias que nos ayuden a ser perfectos, del modo en que Él lo es. (Mateo 5:48). Los mormones llaman a este plan, el Plan de Salvación.

Jesucristo, nuestro Redentor y Salvador

Jesucristo es el núcleo de las creencias mormonas y de su adoración. De hecho, su nombre figura en el nombre verdadero de la Iglesia Mormona, La Iglesia de Jesucristo de Los Santos de Los Últimos Días. Cada mormón tiene un firme testimonio de que Jesucristo es el Salvador y Redentor del mundo y que sólo a través de Su sufrimiento en el Jardín de Getsemaní y en la cruz el hombre mortal puede ser salvo en el reino de Dios. Jesucristo y Sus enseñanzas son lo más importante en toda Escritura mormona: El Libro de Mormón, la Biblia, Doctrina y Convenios, las cuales contienen las palabras de Jesús a los profetas mormones modernos, y la Perla de Gran Precio. Su ejemplo, Sus enseñanzas, y Su amor por toda la humanidad son la principal inspiración para lo que los mormones creen.

En enero del 2000, el presidente mormón y profeta Gordon B. Hinckley y los apóstoles de la Iglesia Mormona publicaron “El Cristo Viviente” como su testimonio al mundo sobre Jesucristo.  Una parte dice:

Damos testimonio, como Sus apóstoles debidamente ordenados, de que Jesús es el Cristo Viviente, el inmortal Hijo de Dios. Él es el gran Rey Emanuel, que hoy está a la diestra de su Padre. Él es la luz, la vida y la esperanza del mundo. Su camino es el camino que conduce a la felicidad en esta vida y la vida eterna en el mundo por venir.

 Jesucristo es el Hijo de Dios y la única persona perfecta que jamás haya vivido. Antes de venir a la tierra, él gobernó como Jehová. En la tierra, Su Padre fue Dios y Su madre fue María. (Ver Lucas 1:32, 35). Él vivió y enseñó en Judea y “anduvo haciendo bienes” (Hechos 10:38). Él sufrió por nuestros pecados, murió en la cruz y resucitó al tercer día. Los mormones se refieren a este acto central como la Expiación o la unificación o reconciliación de la humanidad y Dios.

Las enseñanzas y las revelaciones de Jesús a Sus profetas forman el núcleo de la doctrina y la práctica mormonas. Él es el perfecto ejemplar para todos nosotros. Por medio de Su expiación, toda la raza humana resucitará también, y serán juzgados según sus obras. A través de su misericordia y gracia, y nuestra fe en Su nombre y el arrepentimiento de nuestros pecados, la humanidad se salvará de sus pecados. Aquellos que se han arrepentido de sus pecados y siguieron a Cristo al ser bautizados e “hicieron el bien” se salvarán de sus pecados por la Expiación y heredarán la Vida Eterna en el Reino de Dios.

Jesucristo es la cabeza de la Iglesia Mormona y Él la dirige por medio de Sus profetas. Hoy, Él está a la diestra de Su Padre (Hechos 7:55) como nuestro Salvador, nuestro Redentor, nuestro Abogado ante el Padre, y nuestro Juez. Él vendrá otra vez en el fin del mundo para comenzar el Milenio, mil años de justicia y paz, cuando Él personalmente venga a reinar en la tierra como Rey de Reyes.

El Espíritu Santo

El tercer miembro de la Trinidad es el Espíritu Santo, también conocido como el Espíritu Santo o el Espíritu. El Espíritu Santo, a diferencia de Dios el Padre y de Jesucristo, no tiene un cuerpo de carne y hueso, sino de espíritu. Él es el miembro de la Deidad que da testimonio de la verdad y guía a la raza humana. Él inspira, reconforta, enseña, revela la verdad y nos fortalece. El Libro de Mormón enseña que el Espíritu Santo es “el don de Dios para todos aquellos que lo buscan diligentemente, tanto en tiempos pasados como en el tiempo en que se manifieste él mismo a los hijos de los hombres… Porque el que con diligencia busca, hallará; y los misterios de Dios le serán descubiertos por el poder del Espíritu Santo, lo mismo en tiempos pasados como en los venideros” (1 Nefi 10:17-19).  

El Espíritu Santo inspira a todas las personas en toda la tierra hasta cierto punto. Puesto que todas las cosas buenas vienen de Dios, y puesto que el Espíritu Santo es el consolador que enseña la verdad y nos ayuda a saber lo que es bueno y malo, entonces cualquier persona que vive haciendo lo mejor sabe cómo puede recibir el Espíritu que les inspira. Sin embargo, cuando alguien se une a La Iglesia de Jesucristo de Los Santos de Los Últimos Días, él o ella pueden recibir el “don del Espíritu Santo” el cual permite a la persona tener al Espíritu Santo como un compañero constante.

El Espíritu Santo tiene cuatro roles principales en nuestra vida: Nos santifica, nos revela la voluntad del Padre,  nos enseña la verdad y nos ayuda en nuestros problemas. El Espíritu Santo es un poder tan edificante y fuente del conocimiento necesario del evangelio que el tener su compañía  e influencia constantes es el mejor reglo que una persona pueda recibir en esta vida. Debido a la importancia del Espíritu Santo en el Plan de Salvación de Dios, Jesús enseñó que ningún pecado es más grande que el pecado contra el Espíritu Santo (Mateo 12:31-32). Una revelación mormona explica que la “blasfemia contra el Espíritu Santo, que no será perdonada en el mundo ni fuera del mundo, consiste en cometer homicidio en el que se vierta sangre inocente, y en asentir a mi muerte después de haber recibido mi nuevo y sempiterno convenio, dice el Señor Dios; y el que no obedezca esta ley, de ninguna manera podrá entrar en mi gloria, sino que será condenado, dice el Señor”. (Doctrina y Convenios 132:27)

1 Comentario

  1. Ariel Cameros dice:

    Me parece unublicacion muy acertada, estoy totalmente de acuerdo.

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Diezmos y Ofrendas

La palabra diezmo o diezmar significa una décima parte. El pago del diezmo al Señor y Su iglesia ha sido un mandamiento por miles de años. El primer registro del diezmo se encuentra en Génesis 14:20, cuando Abraham pagó el diezmo a Melquisedec. En los días bíblicos de la iglesia del Señor, el pago del diezmo no fue sólo un mandamiento, sino también una ley de la tierra.

Los mormones creen que el pago del diezmo es aún un mandamiento de Dios. Las creencias mormonas enseñan que absolutamente todo le pertenece al Señor y que cuando pagamos el diezmo, le estamos simplemente pagando a por todo lo que Él nos ha dado. Los Santos de los Últimos Días pagan “diezmos y ofrendas”, los diezmos son el 10% de los ingresos de uno, y además ofrendas que son donaciones adicionales, especialmente para ayudar a los pobres y necesitados.

Este concepto se pone de manifiesto en el Antiguo Testamento. Levítico 27:30 registra: “Y todos los diezmos de la tierra, así de la semilla de la tierra como del fruto de los árboles, de Jehová son; es cosa consagrada a Jehová”.

Los mormones creen que diezmar es un deber y una forma de probar su fidelidad al Señor. En los centros de reuniones, donde las congregaciones se reúnen semanalmente, tienen un casillero junto a la oficina del Obispo que contiene los recibos y los sobres que los miembros llenan y en los cuales adjuntan su dinero. Luego dan sus sobres al obispado, es decir, el obispo de la congregación o sus dos consejeros. El dinero se cuenta y se envía a la sede de la Iglesia en Lago Salado, Utah.

Los líderes de la Iglesia Mormona usan el diezmo de varias maneras para ayudar a la Iglesia crecer y servir a los miembros. El dinero del diezmo se utiliza para la construcción de centros de reuniones, templos y otros edificios de la Iglesia; historia familiar y obra del templo; y la financiación de la obra misional en todo el mundo. Cuando un diezmo de un mormón se combina con el diezmo de todos los miembros de la Iglesia Mormona, ayuda en innumerables formas y como la iglesia mormona no tiene clero profesional, el dinero no se gasta en salarios de los líderes de la iglesia. Los mormones creen que es una bendición y un privilegio pagar los diezmos, porque es una forma de mostrar gratitud al Señor. Es importante para los miembros de la Iglesia Mormona saber que ellos están ayudando a la Iglesia a crecer y servir a los hombres y mujeres de todo el mundo.

Los mormones creen que obedecer el mandamiento de pagar los diezmos es necesario para la felicidad de cada miembro y su progreso espiritual. El mormonismo enseña que el espíritu de buena voluntad con que uno da el diezmo es tan importante como el pago del diezmo en sí. El pago del diezmo enseña humildad y muestra obediencia y se basa en el mismo principio espiritual básico como el principio de sacrificio. Los miembros deben pagar sus diezmos al Señor con alegría y con fe en que el Señor bendecirá y protegerá a Su pueblo cuando ellos pagan el diezmo de buena gana.

En la biblia, el profeta Malaquías dijo:

“Traed todos los diezmos al alfolí, y haya alimento en mi casa; y probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos, y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde”(Malaquías 3:10)

Los mormones creen que cuando pagamos el diezmo, el Señor derrama bendiciones sobre nosotros. El ex presidente y profeta de la Iglesia, Heber J. Grant, dijo que cuando el pueblo del Señor paga el diezmo, Él los bendice con un mayor conocimiento de nuestro Padre Celestial y de Jesucristo, un testimonio más fuerte y una mayor capacidad para obedecer los mandamientos (Informe de la Conferencia General, abril 1925, pág.10)

Los mormones también creen que el Señor va a prosperar a aquellos que pagan un diezmo íntegro, lo que significa que serán bendecidos con las necesidades materiales que requieren. Eso no significa que se convertirán en ricos o exitosos, pero que van a tener las cosas que necesitan. Dios no bendice a todos del mismo modo, sino los bendice en las formas que son las mejores para ellos. Los que pagan el diezmo puede tener la paz y la seguridad que viene de saber que están obedeciendo un mandamiento del Señor.

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Historia de misioneros mormones

La historia de la obra misional mormona es casi tan longeva como la misma historia mormona, ya que sin obra misional, no habría Iglesia Mormona. Los misioneros mormones, desde los primeros días del mormonismo, se han acercado a sus vecinos, a las comunidades de los alrededores y a tierras lejanas para predicar el Evangelio Restaurado de Jesucristo. Ninguna otra iglesia en tiempos modernos ha llevado a cabo tales extensas y constantes actividades misionales como lo ha hecho la Iglesia Mormona. Aún en los días más oscuros de persecución, cuando sus líderes fueron encarcelados y sus familias expulsadas y dispersadas por turbas y ejércitos, los misioneros mormones han continuado adelante, de dos en dos, para cumplir el encargo de Dios de predicar el Evangelio a cada persona, bautizándola en el nombre del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

Una de las primeras revelaciones dadas al Profeta José Smith estaba relacionada a la obra misional y fue recibida aun antes de que se estableciera la Iglesia oficialmente. La revelación dada a través del Profeta José Smith a su padre dice en parte lo siguiente:

“He aquí, una obra maravillosa está a punto de aparecer entre los hijos de los hombres. Por tanto, oh vosotros que os embarcáis en el servicio de Dios, mirad que le sirváis con todo vuestro corazón, alma, mente y fuerza, para que aparezcáis sin culpa ante Dios en el último día…pues he aquí, el campo blanco está ya para la siega; y he aquí, quien mete su hoz con su fuerza atesora para sí, de modo que no perece, sino que trae salvación a su alma” (Doctrina y Convenios 4:1-2, 4)

Esta revelación se ha convertido en un llamado a todos los misioneros mormones para recordarles a quienes sirven y cómo sirven. Hoy en día, más de 55,000 misioneros mormones están predicando el evangelio restaurado en cualquier momento. La historia de los misioneros mormones, aunque es un tema demasiado largo para abordarlo aquí, es una historia de fe y sacrificio, demostrando el poder de las creencias mormonas para inspirar a los fieles a compartir su mensaje con el mundo.

Períodos:

Los primeros misioneros mormones

Los misioneros mormones y el Profeta José Smith primero predicaron el mensaje del Evangelio Restaurado de Jesucristo a través de todos los Estados Unidos y Canadá. La obra misional oficial no empezó sino hasta que se publicó el Libro de Mormón en marzo de 1830. Los primeros misioneros mormones oficiales salieron a predicar a los indios, pero en vez de ellos bautizaron cientos de personas en Ohio. Se organizó la Iglesia Mormona y la persecución obligó a los miembros de la Iglesia a reunirse en Ohio.

Las primeras misiones mormonas

Los mormones se reunieron en Ohio y empezaron a construir el primer templo mormón en Kirtland, mientras otros mormones se reunieron al oeste de Misuri. Se organizaron Misiones por primera vez con presidentes y se designó esfuerzos misionales organizados para asegurar que todas las personas escucharan finalmente el mensaje. Se organizó el Quórum de los Doce Apóstoles y ellos sirvieron en misiones en todo Estados Unidos, y fueron los primeros misioneros mormones en Inglaterra.

Misioneros mormones en tierras extranjeras

Para la década de 1840 los misioneros mormones estaban predicando en toda Europa y Norteamérica y algunos incluso llegaron al Medio Oriente. Otros empezaron a hacer proselitismo en las Islas del Pacífico. Se tradujo el Libro de Mormón a nuevos idiomas, pero la mayoría de mormones convertidos en tierras extranjeras pronto emigraron a los Estados Unidos, tanto para reunirse con los otros mormones como para huir de la persecución en sus tierras nativas. Los mormones se mudaron a Utah y, a pesar de la fuerte persecución, ellos enviaron a miles de misioneros a nuevas tierras en Asia, Pacífico del Sur y especialmente a México y América del Sur.

Un nuevo siglo

A medida que terminaba la persecución oficial, los mormones expandieron sus esfuerzos misionales a Japón, Líbano y especialmente en toda América del Sur, donde la Iglesia Mormona empezó a crecer muy rápidamente. Por primera vez, los misioneros mormones recibieron capacitación a inicios de la década de 1920, ya que algunos pero no todos los misioneros mormones, se reportaban a la Casa de la Misión en Lago Salado por algunas semanas antes de salir. El mormonismo creció especialmente en Europa durante este período.

Cada mormón un misionero

Después de la Segunda Guerra Mundial y la Guerra de Corea, los misioneros mormones tuvieron gran éxito en Corea, Japón y las Filipinas. El mormonismo empezó su crecimiento explosivo en América del Sur y se construyeron templos en todo el mundo. Los esfuerzos misionales mormones se organizaron aun más ya que se construyó la Misión de Capacitación en Idiomas y posteriormente el Centro de Capacitación Misional en Provo, Utah. El Presidente David O. Mckay hizo llamados para que más misioneros salieran al campo y para que cada miembro de la Iglesia Mormona realizara obra misional. Él viajó por todo el mundo y envió misioneros a nuevas tierras.

Las naciones del mundo se abren a los misioneros mormones

Al inicio de la década de 1970, el mormonismo experimentó su más rápido crecimiento, especialmente en América del Sur y África después de la revelación en 1978 sobre el Sacerdocio recibida por el Presidente Spencer W. Kimball. El Libro de Mormón se tradujo a docenas de otros idiomas en las décadas de 1970 y 1980 y se animó a los mormones a “inundar la tierra” con él con el propósito de encontrar a todos aquellos que se unieran. El Presidente Kimball también recibió una revelación de enviar a todos los jóvenes a servir como misioneros mormones, y para la década de 1980 había más de 50,000 misioneros mormones sirviendo a la vez. Los países en África y América del Sur empezaron a abrirse a los mormones, pero el verdadero milagro vino cuando la Unión Soviética colapsó a principios del inicio de la década de 1990, y los misioneros mormones se mudaron al Este de Europa, Rusia y Asia Central.

La obra misional mormona hoy en día

Hoy en día, el enfoque de la obra misional ha sido consolidar el crecimiento masivo de las décadas pasadas con el llamado del Presidente Gordon B. Hinckley a ayudar a cada converso a tener un amigo, una responsabilidad y nutrirse de la palabra de Dios. Los requisitos para llegar a ser un misionero son más estrictos y aunque el número de misioneros ha bajado ligeramente, los porcentajes de retención entre los conversos se han elevado. Se construyen templos en todo el mundo para acercar a los miembros de la Iglesia. Se construyen más Centros de Capacitación Misional en casi cada continente para ayudar a los misioneros mormones a prepararse espiritual y físicamente para su servicio misional. La visión del Presidente Hinckley es continuada por el Presidente Thomas S. Monson.

1 Comentario

  1. [...] cuentue no es verdad. No sólo no es amable con los mormones, tampoco es agradable paros misioneros mormones o los misioneros religiosos de cualquier religión. Es más, no es muy agradable parente [...]

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Ayuno

El ayuno es un antiguo principio, el que es tratado ampliamente en el capítulo cincuenta y ocho de Isaías y brevemente en el tercer capítulo de Malaquías. En estas escrituras, el Señor define la ley del ayuno y enumera específicas bendiciones que se obtienen al obedecer esta ley. Ayunar es estar sin comer o comer moderadamente. Para los miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, el ayuno significa no ingerir alimentos o líquidos por un período de 24 horas, o no tomar dos comidas completas. Un domingo al mes  –generalmente el primer domingo– se reserva como Domingo de Ayuno para todos los miembros de la Iglesia. En este día, todos los que desean participar del ayuno lo hacen. Las razones detrás de esta práctica se detallan a continuación.

Propósito

Hoja de ofrendas

El Señor declara en Isaías que el propósito del ayuno que Él ha dado, es “liberarse de las ataduras de la iniquidad,” “soltar el gran peso,” y “liberar a los oprimidos.” En términos modernos, ayunar puede liberarnos de las tentaciones, traer sosiego en la aflicción, y puede liberarnos de la opresión. Uno podría lógicamente preguntarse cómo el abstenerse de los alimentos puede traer tales cosas. La respuesta es que el ayuno es una experiencia mucho más espiritual que temporal cuando se pone en práctica apropiadamente. El ayuno puede recordarnos una de nuestras debilidades físicas y la consecuente dependencia del Señor. Centrándose en esta dependencia, uno puede acercarse más al Señor y por lo tanto obtener fortaleza espiritual.

Práctica

La ley del ayuno requiere mucho más que el simple hecho de no comer y se complementa llevando la comida al hambriento, albergando a aquellos que están desamparados en nuestra propia casa, vistiendo al desprotegido, tal como enseñó Isaías. En la práctica actual, se les pide a los miembros de la Iglesia que donen el dinero que habrían gastado en las dos comidas, a los pobres dentro la congregación de su Iglesia. Estas donaciones son llamadas ofrendas de ayuno. Se exhorta a los miembros a ser tan generosos como les sea posible en sus ofrendas de ayuno y a menudo dan más de lo que habrían costado los alimentos. Estas donaciones son dadas al obispo y son distribuidas a su criterio a los miembros dignos que tengan necesidades en el momento. Las ofrendas de ayuno son distintas al diezmo, el cual es el pago del 10% de nuestros ingresos a la Iglesia. Los fondos del diezmo se envía a la sedes de la Iglesia, pero las ofrendas de ayuno se mantienen dentro de los límites de la propia congregación.

Bendiciones

Las bendiciones que se reciben del pagar las ofrendas de ayuno son innumerables, pero el Señor enumera algunas bendiciones específicas en las escrituras antes mencionadas. El Señor ha prometido que cuando los miembros paguen sus ofrendas de ayuno, les será dada una buena salud y tendrán la protección del Señor. Además, se les promete que recibirán gran luz y dejarán las tinieblas que los rodea. El Señor incluso promete “reprender al devorador” a aquellos que tienen fe en este mandamiento. Todos aquellos que han vivido este mandamiento pueden testificar de bendiciones adicionales y personales que han llegado a ellos por medio de su fidelidad.

Ayuno y oración

Niño orando

En el Nuevo Testamento, el Salvador habló muchas veces sobre el poder de la oración y el ayuno. Por ejemplo en Mateo capítulo 17, el Salvador echa un demonio fuera de un hombre. Cuando sus discípulos le preguntan por qué ellos no fueron capaces de expulsar al demonio, el Salvador les dijo que eso sólo podría hacerse a través de “oración y ayuno” (Mateo 17:21). Esta enseñanza muestra la fortaleza que pueden obtener aquellos que son rectos, pero que buscan más fortaleza a través de Dios. El ayuno puede conllevar muchas bendiciones y tiene más propósitos que ayudar a alimentar al hambriento, aunque es una de las acciones de servicio más nobles que podremos proporcionar. El ayuno puede ser tanto una muestra de fe como algo que la fortalece. A menudo, se realizan ayunos especiales por las personas que tienen dificultades físicas, como una enfermedad. El ayuno individual puede traer revelación personal, puede ayudarnos a fortalecer nuestro testimonio del evangelio, puede darnos fortaleza para soportar las tentaciones, y ayudarnos a ser más humildes.

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Amor de Jesús

La Caridad: El Amor Puro de Jesucristo

En Juan 15:12, Jesucristo le dice a sus seguidores, “Este es mi mandamiento, Que os améis los unos a los otros, así como Yo os he amado”. Se manda a los seguidores de Jesucristo a amarse y servirse unos a otros tal como Jesucristo nos amó y sirvió. Él es el mayor ejemplo de amor y servicio que el mundo jamás haya conocido. En la creencia mormona, el amor puro de Dios por el género humano a menudo es llamado caridad. El Libro de Mormón dice lo siguiente acerca de la caridad:

Por tanto, amados hermanos míos, si no tenéis caridad, no sois nada, porque la caridad nunca deja de ser. Allegaos, pues a la caridad, que es mayor que todo, porque todas las cosas han de perecer, pero la caridad es el amor puro de Cristo, y permanece para siempre, y a quien lo posea en el postrer día, le irá bien. (Moroni 7:46-47).

La caridad, o amor, es un don de Dios el cual Él nos da a medida que oramos y servimos a los demás. El servicio es parte importante del amor. Una de las maneras de mostrar nuestro amor por Dios y por nuestros semejantes, es sirviéndoles. El servir a otros significa ayudarlos sin esperar recompensa alguna. En el Libro de Mormón leemos:

Y he aquí, os digo estas cosas para que aprendáis sabiduría, para que sepáis que cuando estáis al servicio de vuestros semejantes, sólo estáis al servicio de vuestro Dios. (Mosiah 2:17).

También demostramos nuestro amor por Dios guardando Sus mandamientos. Esto quiere decir que debemos creer en Jesucristo y arrepentirnos de nuestros pecados y ser bautizados en el nombre de Jesús, por alguien que tenga la autoridad de Dios. Debemos también guardar los mandamientos de Dios de amar y servir al prójimo, de mantenernos moralmente limpios, y ser honestos y fieles en todos nuestros actos. En 1 Juan 5:3, dice: “Pues éste es el amor a Dios: Que guardemos sus mandamientos; y sus mandamientos no son gravosos”.

Hay muchas maneras de mostrar nuestro amor al prójimo y a Dios. Mostramos nuestro amor por Dios guardando Sus mandamientos, siendo bautizados, y prestando oído a las palabras de Sus profetas vivientes. Mostramos amor por el prójimo sirviéndolo. Servir a los demás quiere decir que los ayudamos en sus dificultados y los confortamos cuando pierden las esperanzas. Debemos regocijarnos cuando los demás triunfan y ayudarlos cuando caigan. Jesucristo dijo esto a un hombre que le preguntó cuál era el mayor mandamiento:

Amarás, pues, al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas; éste es el principal mandamiento. Y el segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento mayor que éstos. (Marcos 12:30-31).

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