La Historia de la Conversión de Karl Ivar Sandberg

La primera vez que escuché de los mormones fue en 1923. Estaba estudiando con un amigo mío y leíamos un libro sobre viajes por el oeste. En este libro había una pequeña anotación, tal vez una o dos páginas que hablaban de los Mormones. Le pregunté a mi amigo qué tipo de gente eran. Dijo que tenía un hermano que había estado en la Ciudad de Lago Salado, y había visto el templo y un anciano que era muy amistoso se lo había mostrado. Mi amigo además me manifestó que ellos creían como los antiguos Israelitas en dar diezmos, etc. y que tenían un libro que habían encontrado enterrado en la costa Atlántica, donde unos Israelitas que visitaron este país hace mucho tiempo, lo habían enterrado.

Pronto olvidé todo sobre ello. La siguiente vez, oí de los mormones si mal no recuerdo mientras leía el libro “Pasando fatigas” de Mark-Twain. Esto fue más o menos en 1930. Ya en ese tiempo, estaba algo interesando en la religión. Aunque fui criado en un hogar donde me enseñaron a orar y a creer en Dios, en los años siguientes a 1930 fui casi un ateo por épocas.

Empecé a cultivar la tierra en 1923 y la pasaba solo la mayor parte del tiempo. En el invierno de 1931 leí algunos libros que me hicieron interesar bastante en la religión, de hecho, al final de ese año estaba firmemente convencido de la Divinidad de Cristo y había experimentado un verdadero arrepentimiento; pero parecía que mientras más estudiaba la Biblia y más oía a los diferentes ministros, más confundido me sentía. No podía aceptar las enseñanzas de ninguna iglesia, porque no parecían enseñar las cosas de acuerdo a la Biblia.

Un día conocí a un Ministro Luterano por uno de mis vecinos. Discutimos sobre religión por alrededor de 12 horas. Esta era la primera vez que realmente había hablado con un ministro. Fui especialmente impetuoso con él sobre el tema del bautismo, porque me parecía que la Biblia enseñaba el bautismo por inmersión, lo suficientemente claro como para que cualquiera entendiera. Él ofreció, después de tanto, a llevarme y sumergirme en el tanque de agua de la granja, pero por ahora, había perdido la confianza en él, dado que desde niño he tenido la opinión de que un ministro es una persona sabia que puede responder casi cualquier pregunta con respecto a la religión, y él para mí, parecía ser bastante ignorante. Desde ese día la reverencia que sentía por los ministros desapareció.

Durante los años 1930 y 1931, estudié religión bastante detalladamente y todavía no había encontrado una iglesia que pareciera enseñar de acuerdo a la Biblia.

En la primavera de 1932 tuve la idea de que posiblemente si estudiaba las religiones paganas, a lo mejor encontraría algo que fuera mejor que las enseñanzas de algunas de las religiones que había estudiado. Así que con esto en mente, fui a la biblioteca en Gettysburg, S. D., algunas veces, en marzo de 1932 y pregunté por el Corán. La bibliotecaria me dijo que no tenían ese libro pero que me lo solicitaría a la biblioteca estatal y lo conseguiría. Cuando estaba por irme la bibliotecaria dijo: “Aún tenemos un libro religioso que no ha leído, ‘El Libro de Mormón!’ Un hombre aquí en la ciudad trató de leerlo, pero lo encontró tan aburrido que se fue a dormir pero tal vez a usted sí le guste”. Le dije “he oído sobre los Mormones, pero su religión es de poca importancia, quiero estudiar las principales religiones paganas primero”.

Mientras me iba del edificio, se me vino el pensamiento de que si iba a estudiar todas las religiones paganas (Yo consideraba a los mormones una de ellas) estudiaría el mormonismo tarde o temprano ¿por qué no estudiarla mientras esperaba por el Corán? Así que, con esto en mente regresé y le dije a la bibliotecaria que quería el Libro de Mormón. Me dijo que debería leer primero un libro llamado “Brigham Young”, así sería más fácil para mí entender “El Libro de Mormón”. Así que le pedí que me diera los dos.

Al leer el libro “Brigham Young”, me pareció que el escritor tenía la intención de hablar tanta maldad como podía de la persona. En muchas partes encontré que el escritor contradecía previas declaraciones hechas en el libro. Esto me hizo perder confianza en la veracidad de sus escritos.

Habiendo terminado el libro, empecé con el “Libro de Mormón”, y naturalmente sentí que había empezado a leer un libro de ficción. No había leído muchas páginas antes de descubrir que había encontrado un libro tan admirable, y las lágrimas empezaron a caer por mis mejillas y el espíritu más dulce parecía estar presente. Puedo mencionar aquí que se me hizo costumbre al trabajar por los alrededores, muchas veces al día si acaso el trabajo no estaba atrasado, corría a la casa para leer por un rato. Si leía un libro de ficción, no me habría molestado en sacarme el gorro, pero si leía la Biblia, me lo habría sacado, porque lo consideraba un libro sagrado. Tenía mi gorro puesto cuando empecé a leer el “Libro de Mormón”, pero no pasó mucho sentí que un hombre debería leer un libro así con la cabeza descubierta.

Como lo recuerdo, leí el libro por algo de tres días y pareció tener el espíritu más dulce en él, y hasta donde alcancé a ver el libro podría ser verdadero, pero aún tenía el sentimiento que poco a poco vería dónde el libro se contradiría a sí mismo. Consideré que el libro era muy asombroso, así que lo llevé a un vecino religioso y le dije que lo leyera, pero que debía regresarlo a la biblioteca en tres días. Sentí que mi vecino estaría muy entusiasmado con el libro, pero  cuando regresé a los tres días, lo encontré ridiculizando el libro, diciendo que había sido hecho con varios nombres tomados de la Biblia. Devolví el libro a la biblioteca y todo el verano pensé en él, y aún no encontraba nada en lo que se contradijera, ni a sí mismo, ni a la Biblia.

Ese año (1932), mi hermano trabajaba para mí y una noche de sábado, durante el otoño, mientras se preparaba para ir a Gettysburg, le dije que vaya a la librería y le dijera a la bibliotecaria que yo quería el Libro de Mormón. La mañana siguiente, un domingo, cuando me levanté, vi el libro sobre la mesa de la cocina. Empecé a leer tan pronto como terminé de alimentar a mis animales y esa noche, antes de irme a dormir, había leído el Libro de Mormón por completo. Estaba más impresionado que nunca con el libro. Leí todo el libro nuevamente en dos semanas antes de devolverlo a la biblioteca y para entonces, supe que era verdadero.

Cuando devolví el libro, le dije a la bibliotecaria que escribiera a la biblioteca del estado y les dijera que enviaran todos los libros que tuvieran sobre mormonismo. La respuesta que dieron fue que no tenían tales libros, pero enviaron la dirección de la tienda de libros de Deseret en la Ciudad de Lago Salado, y me dijeron que podía encontrar algunos libros allí. Seguidamente escribí a la tienda de libros y les dije que me enviaran una lista de precios de todos los libros que José Smith haya escrito. La respuesta que me llegó fue que José Smith no había escrito ningún libro, sólo un folleto titulado “Mi Historia” que podría adquirir por 10 centavos. También me enviaron un catálogo de obras SUD. De inmediato ordené un Libro de Mormón y un libro con el título de Revelación de los Últimos Días y también La Perla de Gran Precio. Los libros me impresionaron mucho. No podía entender cómo podían existir libros como El Libro de Mormón o la Perla de Gran Precio sin que nadie hablara de ellos.

En casi dos semanas, pedí “Los Artículos de Fe” de Talmage, y “Apostasía” de Roberts. Hasta este tiempo había sido de la opinión que no había una iglesia sobre la tierra que enseñara de acuerdo a la Biblia pero después de leer los “Artículos de Fe”, sentí que podría ser que los mormones sí.

En los meses siguientes solicité muchos libros SUD y por lo que puedo ver ahora estoy seguro que fui inspirado por el Señor para ordenar los libros que pedí. Naturalmente después de haber leído algunos libros tenía innumerables preguntas a las que me gustaría tener respuesta. Debo decir que el Espíritu del Señor me reveló muchas cosas, las cuales en un estudio posterior fueron corroboradas por las autoridades de la iglesia.

En 1933 tenía un testimonio, sí, puedo decir que tenía un ardiente testimonio del evangelio restaurado y que lo había enseñado a mis amigos. En Julio de 1934 mientras leía el “Argus-Leader” vi una noticia en el periódico que el presidente de la nueva misión estaría en las cataratas Sioux y que ahí se llevaría a cabo una reunión, donde él residiría. También había una foto del presidente de la nueva misión (creo que su nombre era Wilford Richard). En la foto aparecía usando anteojos y el pensamiento que vino a mi mente fue por qué no tenía un élder que lo bendijera para que su visión pudiera ser corregida.

De inmediato escribí a la dirección donde se llevaría a cabo la reunión indicando que me gustaría ser bautizado. La carta me retornó en unos pocos días diciendo que no había nadie viviendo allí.

El año 1934 fue un fracaso para el cultivo y en setiembre contraté a un hombre para que cuidara de mi ganado en el invierno, y salí sólo en mi auto a la Ciudad del Lago Salado, para ser bautizado y quedarme ahí durante el invierno. Al tercer día llegué a Coleville, Utah, justo al límite del estado y se estaba poniendo oscuro, decidí quedarme ahí a pasar la noche y conducir a la Ciudad de Lago Salado a la mañana siguiente. Siendo que estaba en Utah, naturalmente pensé que debería haber algunos mormones ahí, hasta ese momento no había visto absolutamente a ningún mormón. Así que fui a un restaurante, ordené mi cena, y miré con detenimiento a las personas a ver si podía escoger a alguien que fuera un mormón. Podría decir que sentí que quería demasiado ver a un mormón debido a que en mi corazón había un gran cariño por los Santos.

Después de terminar mi cena seguía con la duda de si había un mormón ahí (en los años siguientes fui informado que en la población de Coleville eran casi todos mormones) Fui a un hotel para conseguirme una habitación para pasar la noche, y sentí que el administrador tal vez era mormón dado que me había hablado muy amablemente, sin embargo, no podía tener el valor para preguntárselo porque creí que sería un terrible insulto para él en caso que no lo fuera. Pero estaba determinado a ver a un mormón antes de irme a la cama esa noche mientras manejaba a una estación para abastecer mi auto. Después de poner combustible, me senté para hablar con un hombre ya que no había nadie más allí. Después de un momento él me preguntó a dónde estaba yendo. Le dije que iba a la Ciudad de Lago Salado. Le pregunté si había estado ahí, y me respondió que sí, muchas veces. Le hablé sobre lo que había oído, de que eran casi todos mormones, y que nunca había visto a un mormón. Dijo que él era mormón. Quedé muy sorprendido y le dije que estaba yendo para unirme a la Iglesia Mormona y él dijo que estaba bien. Luego empecé a hacerle muchas preguntas y descubrí para mi decepción que él sabía muy poco sobre la doctrina. Dijo que había sido ordenado diácono años atrás, pero muy difícilmente iba a la iglesia, pero dijo que tenía un hermano que siempre estaba estudiando el evangelio. No le importó tener una discusión sobre el mormonismo, pero me invitó a regresar en otoño y que cazaríamos venados. Tal como lo recuerdo, él fumaba un cigarrillo y le dije que creía que no se esperaba que un mormón fume. Yo mismo había dejado de fumar mientras estudiaba el evangelio.

A la mañana siguiente, conduje hacia la Ciudad de Lago Salado, y lo primero que supe fue que estaba manejado hacia el norte por el lado oeste de la manzana del templo, así que estacioné mi auto ahí, y caminé a través de la Puerta Oeste (Había  visto fotos del templo en los libros que había leído) y era sábado, estaban realizando bautizos en la pila debajo del tabernáculo. El primer hombre que conocí fue el portero y me dijo que podía entrar allí debido a que estaban bautizando. (Después el hombre se hizo un amigo mío muy querido) Le dije que había venido para pedir que me unieran a la Iglesia Mormona. Me dijo que fuera arriba y buscara al guía que estaba hablando con un grupo de turistas frente al museo. Tuve un difícil momento manteniendo mis emociones bajo control. Estaba tan feliz de estar ahí y el más maravilloso espíritu reposó en mí.

Seguí al grupo de turistas hasta que los dejaron dentro de la Oficina de Información, luego me acerqué al guía y le dije que quería unirme a la Iglesia.

Me miró bastante sorprendido y después de hablarme por aproximadamente medio minuto me dijo que vaya con él a ver al Hermano Perry, el Presidente de Misión de la Manzana del Templo. Así que me presentaron con él donde inmediatamente indiqué mis deseos. Él me miró con detenimiento y dijo ¿Dónde contactó a nuestros misioneros? Yo mencioné que nunca había contactado a uno, de hecho nunca había visto a un mormón hasta la noche anterior. Dijo ¿Qué sabes de nosotros y nuestra doctrina? Y yo dije ‘sé que es la iglesia verdadera’ y me preguntó ¿cómo lo sabes? Respondí que por medio de los libros que había leído. Luego las preguntas continuaron. ¿Has leído ese libro? ¿Y ese libro? Mencioné cerca de 25 libros que había leído y podía ver que él miraba al guía y maravillado preguntó, ¿Sabe usted que se supone que pagará diezmos? Le dije que sí. Luego llamó a varios guías y les dije cómo me había convertido mientras me hacían preguntas. Tenía la impresión de que era un hecho de todos los días que la gente llegara y pidiera ser bautizada, sin embargo, supe que no era así.

Después de un tiempo el Hermano Perry dijo que podía ser bautizado en cualquier momento pero siendo ya el día sábado, me preguntó si podía esperar hasta el lunes. Luego le dijo al guía que yo había contactado y dijo, Hermano Christensen, será su deber buscarle un buen hotel al hermano Sandberg y llevarlo a una de las capillas en la mañana. Pasé un día encantador en el templo escuchando a los guías explicar el Evangelio a los turistas pero bajo un gran estrés emocional estando tan feliz. Mi guía me llevó a la vigésima capilla del distrito el domingo por la mañana y siendo la conferencia la siguiente semana habían adelantado el domingo de ayuno así que fue la primera reunión de ayuno a la que había asistido y ahí compartí mi testimonio del evangelio en frente de toda la congregación luego de lo cual mi guía habló sobre mi conversión, y cómo me regocijé de escuchar a los Santos compartir sus testimonios. Supe entonces por qué tenía este amor tan grande por los Santos en mi corazón. Estaba al fin entre los verdaderos hermanos y hermanas. Después de la reunión pareció que casi todos vinieron a estrechar mi mano.

Fui bautizado el siguiente lunes siendo el primero de octubre de 1934 y mi guía me preguntó si él podía bautizarme delante de un grupo de turistas y le dije que estaría bien por mí. La sala de bautismo estaba casi llena de  turistas cuando me bautizaron y después de salir del agua, parado al frente, compartí mi testimonio del Evangelio ante el grupo de turistas. El Presidente Perry me dijo que volviera al día siguiente y me confirmarían.

Esa noche fue una de las más tristes noches que pasé en mi vida. Parecía haber algo diciéndome que me fuera de la Ciudad de Lago Salado inmediatamente pues si no recibía la imposición de manos para recibir el Espíritu Santo, no podría pecar contra Él. Recuerdo no haber podido dormir en toda la noche y haber sufrido terribles agonías mentales siendo continuamente impulsado a dejar la ciudad. A la mañana siguiente fui a la caseta de información del Templo y le dije al Presidente Perry lo que me había sucedido la noche anterior y le dije que si quería confirmarme lo hiciera de inmediato porque no iba a pasar otra noche como esa y podría irme en cualquier momento. Me escuchó atentamente y dijo, Wow Hermano Sandberg, ha sido tentado por el mal toda la noche. Fui confirmado esa misma hora y nunca más sufrí esa agonía mental. Puede decirse que durante esa noche nunca pensé que estaba siendo tentado por un espíritu indigno.

Me quedé en la Ciudad de Lago Salado hasta el 14 de febrero de la siguiente primavera. Trabajando unos días en una planta de envasado pero pasando la mayor parte del tiempo en el templo visitando con los guías y turistas y asistiendo a la iglesia los domingos. También asistía a la escuela nocturna. Fui ordenado élder antes de dejar Lago Salado en la primavera y no es necesario decir que había obtenido un mejor entendimiento del evangelio y de los miembros mormones.

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