Durante el invierno que abarca 1833-34, los santos continuaban deseando la ayuda del gobernador Daniel Dunklin, pero no recibieron nada. Parley P. Pratt y Lyman Wight viajaron desde Missouri a Kirtland para hacer saber a los del sumo consejo sobre los sufrimientos de los santos en Missouri. José recibió una revelación el mismo día, de organizar un ejército. Muchos de los hombres presentes en la reunión, se ofrecieron de voluntarios para unirse y escogieron a José como el “comandante en jefe de los ejércitos de Israel.”
Ocho misioneros viajaron al este de los Estados Unidos para reunir dinero y reclutas de entre los santos de allí para ayudar a los sufridos santos en Missouri, pero no tuvieron mucho éxito. José comentó, “ Si esta Iglesia, la cual está tratando de ser la Iglesia de Cristo no nos ayuda, cuando pueden hacerlo sin sacrificio…. Dios les quitará sus talentos, y se los dará a aquellos que no tienen talentos (Mateo 25: 14-30), y evitará que ellos encuentren un lugar de refugio, o una herencia en la tierra de Sión.”
Al final, 207 hombres, 11 mujeres y 11 niños componían el Campo de Sión, mucho menos de los que el Señor había requerido mediante el profeta. El promedio de edad de los hombres era 29, que era la edad de José en ese momento. El niño más joven, George A. Smith, un primo del profeta, tenía tan sólo 16, y Samuel Baker era el mayor de todos con 79 años. Muchos de los hombres que se unieron al Campo de Sión lo hicieron completamente por fe. Dejaron a sus familias con poco o nada de dinero, ni ninguna fuente de ingresos, los hombres se fueron durante la época de plantar o cosechar. Varios miembros de la Iglesia plantaron huertos para las familias de los hombres que se fueron, así tendrían algo con que sostenerse a sí mismas.
La marcha de un mil millas al Condado de Jackson, Missouri, de ninguna manera fue fácil para la compañía. Ellos a menudo marchaban treinta y cinco millas en un día con “los pies ampollados, calor sofocante, lluvia fuerte, humedad alta, hambre y sed.” Uno de los mayores problemas para la compañía fue la falta de comida. Los hombres siempre estaban hambrientos, y dado a sus pobres condiciones, a menudo se vieron obligados a comer alimentos rancios o engusanados. Había un miedo real de contraer la enfermedad de la leche o vómito negro por la leche en mal estado; sin embargo, José les dijo que “consumieran todo lo que pudieran conseguir de amigo o enemigo, que les haría bien y ninguno enfermaría a consecuencia de ello; y aunque pasamos por vecindarios en los que muchas personas y ganado estaban infectados con la enfermedad, mis palabras se cumplieron.”
Aún más peligroso que las condiciones pobres, era el desacuerdo que surgió entre algunos de los hombres. Sylvester Smith (que no tenía parentesco con José) era un “capitán de lengua afilada”, quien a menudo incitaba la murmuración y el descontento entre los que lo escuchaban. José comentó acerca de Sylvester y los hombres de espíritu rebelde, “Les dije que enfrentarían desgracias, dificultades y obstáculos, y dije, ‘y lo sabrán antes de salir de este lugar,’ exhortándolos a ser humildes ante el Señor y ser unidos, a fin de no ser castigados.” Muchos de ellos no escucharon, sin embargo, al día siguiente casi cada caballo estaba enfermo o cojo. Cuando los hombres finalmente siguieron el consejo del Profeta de humillarse y resolver sus desacuerdos, al medio día los caballos estaban sanos, excepto el de Sylvester Smith, que murió poco después.
Otras condiciones también eran peligrosas. Las noticias de la marcha del Campo se anticipaban, casi siempre había populachos enojados que deseaban atacarlos e impedirles que llegaran al Condado de Jackson. Los espías que trataron de averiguar el número de personas del Campo, generalmente contaban cientos más de los que realmente eran: el Señor protegió a Su gente de muchas maneras y en numerosas ocasiones. Una mañana de junio, mientras estaban cerca de Richmond, una esclava les dijo, “Hay un grupo de hombres acechándolos, que piensan matarlos esta mañana mientras pasan por el pueblo.” Los hombres no vieron a nadie. Sin embargo, no pudieron viajar tanto ese día como ellos esperaban, porque se rompieron las ruedas de las carretas, así que acamparon fuera del Condado de Clay en una colina entre dos ramales del río Fishing.
No había paz, ya que cinco hombres armados entraron en el campamento jurando que el grupo “vería el infierno antes que llegara la mañana.” Les dijeron a los mormones que una turba de casi 400 hombres estaba lista para cruzar el río y “absolutamente destruir a los mormones.” Los santos podían escuchar disparos, aunque algunos de la compañía querían pelear, José declaró, “Quédense quietos y verán la salvación de Dios.” Al poco tiempo que los cinco hombres se fueron, una pequeña nube negra apareció en el cielo claro, moviéndose rápidamente hacia ellos y extendiéndose todo el tiempo. Sólo un grupo de la tuba pudo atravesar el río en ferry antes de que la tormenta se desatara con tal intensidad que forzó a los santos a abandonar su campamento. Encontraron refugio en un edificio cercano perteneciente a la Iglesia Bautista. Seguramente los hombres sintieron lo que José declaró, “Muchachos, hay un propósito en esto. Dios está en esta tormenta.” La tormenta mantuvo alejados a los atacantes, los hombres no tuvieron que pelear.
Mientras los santos en Missouri continuaban solicitándole ayuda al gobernador Daniel Dunklin, él reconoció que ellos habían sido duramente agraviados y que trataría de ayudarlos. El Campo de Sión finalmente llegó a Missouri, José envió a Orson Hyde y a Parley P. Pratt a hablar con el gobernador y ver si él todavía quería cumplir su promesa de ayudar a los santos. Sin embargo, el gobernador era un cobarde, como lo notó Parley, rehusó enfrentarse a la turba para restituir sus casas a los santos. Los santos que habían sido expulsados del Condado de Jackson continuaron reuniéndose con otros ciudadanos del Condado de Jackson esforzándose a llegar a un acuerdo donde ellos pudieran recuperar sus tierras, pero más de uno de esos hombres declaró que bajo ningún medio permitirían que regresaran los mormones. A los santos les robaron todas sus propiedades y no fueron recompensados de ninguna forma por la pérdida de sus tierras, sus casas o propiedades.
Al final de su jornada, el 22 de junio, José recibió una revelación del Señor expresando Su descontento con los Santos por su desobediencia y negación de ayudar a los pobres entre ellos. El Señor instruyó a José que el Campo de Sión no pelearía, porque los santos, como grupo habían probado que no estaban listos para construir Sión. Así que, el Señor declaró, que ellos no recuperarían sus tierras en ese tiempo. Sin embargo, sobre los que habían servido fielmente en el Campo de Sión, Él dijo, “He oído sus oraciones y aceptaré su ofrenda; y me es menester traerlos hasta este punto para poner a prueba su fe.” Sin embargo, habiendo llegado tan lejos y no pelear, fue mucho para algunos del grupo, quienes apostataron. Por su subordinación, el Señor los afligió con un azote devastador de cólera. Sesenta y ocho personas, incluyendo a José, se infectaron con la enfermedad, catorce murieron. José les dijo a los miembros del campamento que si ellos se arrepentían y se humillaban, el Señor no permitiría que la plaga se extendiera más. Ellos hicieron el pacto de arrepentirse y la plaga cedió.
El Campo de Sión no tuvo éxito en su intento de regresar a los santos exiliados al Condado de Jackson, pero muchos ciudadanos nobles del Condado de Clay cuidaron de los santos por un tiempo. Cualquier líder militar podría ver como un fracaso al Campo de Sión, pero el Señor tenía Sus propios propósitos al guiar al grupo. Los hombres que participaron pudieron aprender del Profeta día tras día. Pudieron ver al Señor trabajar por medio del Profeta, y ser testigos de poderosos milagros. Su fe fue probada en muchas maneras, como resultado, sus testimonios fueron fortalecidos. En febrero de 1835, meses después de la dispersión del Campo de Sión, se organizaron el Quórum de los Doce Apóstoles y el Primer Quórum de los Setenta, nueve de los doce Apóstoles, así como todos los miembros de los Setenta eran hombres que habían servido al Señor en el Campo de Sión. José declaró,
“Dios no quería que peleáramos. Él no podía organizar Su reino con doce hombres que abrieran las puertas a las naciones de la tierra, y con otros setenta que estuvieran bajo la dirección de éstos y siguieran sus huellas, a menos que los eligiera de un grupo de hombres que hubieran ofrecido sus vidas, y hubieran hecho un sacrificio tan grande como el de Abraham.”
Hubo muchos que vieron el Campo de Sión como un desastre, pero, algo interesante, ninguno de estos pesimistas eran miembros del campo. Brigham Young le respondió a uno de esos hombres que le preguntó qué había ganado de la experiencia, “No cambiaría el conocimiento que recibí en esta ocasión por todo el Condado de Geauga.”
Regreso a los Dos Centros de la Iglesia: Ohio y Missouri 1832-1834




