Relato de Edward Partridge
“El populacho me sacó de mi casa, George Simpson era su líder, quien me escoltó casi media milla, al juzgado, en la plaza pública en Independence; entonces allí, unas pocas varas formaban dicho juzgado, rodeado por cientos del populacho, me quitaron mi sombrero, el abrigo y el chaleco, me embadurnaron de brea de la cabeza a los pies, luego me pusieron una gran cantidad de plumas, todo esto fue porque no estuve de acuerdo de abandonar el condado, mi casa donde había vivido dos años.
“Antes de ponerme la brea y las plumas, se me permitió hablar. Les dije que los Santos habían sufrido persecución en todas las épocas del mundo; que yo no había hecho nada que pudiera ofender a alguien; que si ellos abusaban de mí, ellos abusarían de una persona inocente, que yo estaba dispuesto a sufrir por Cristo; pero, no estaba dispuesto a abandonar el condado. Ya para entonces, la multitud hacia tanto ruido que no se me escuchaba: algunos maldecían y juraban, diciendo, ‘llama a tu Jesús,’ etc.; otros fueron igualmente bulliciosos en tratar de calmar al resto, ellos no podían escuchar lo que yo decía.”
“Hasta después que hube hablado, no supe que era lo que ellos harían conmigo, ya sea matarme, agarrarme a latigazos, o cualquier cosa que no sabía. Soporté el abuso con no mucha resignación y mansedumbre, lo que pareció asombroso a la multitud, que me permitieron retirarme en silencio, muchos se miraban muy solemnes, habiendo sido conmovidos como pensé; así también conmigo, estaba tan lleno del Espíritu y amor de Dios, no tuve odio hacia mis perseguidores o por alguien más.”
Regreso a los Dos Centros de la Iglesia: Ohio y Missouri 1832-1834

