La Sociedad de Seguridad Financiera de Kirtland
La Sociedad de Seguridad Financiera de Kirtland se formó el 2 de noviembre de 1836. Orson Hyde fue enviado a Columbus, Ohio, a solicitar a la legislatura una ley de incorporación, que les permitiera formar su propio banco. Sin embargo, porque Orson representaba a la Iglesia Mormona, la legislatura les negó los privilegios de un banco, los cuales habían otorgado fácilmente a otras personas. Como resultado, la Sociedad de Seguridad Financiera de Kirtland se formó como una sociedad anti-banco. Redactaron dieciséis artículos, según los cuales los miembros de la sociedad podían hacer negocios. Sin embargo, Martin Harris rehusó unirse. Después de estar en conflicto sobre el asunto con Sidney Rigdon, y después que los asuntos fueron más allá, Martin Harris fue relevado del sumo consejo y finalmente fue excomulgado a finales de diciembre de 1837. Martin Harris con el tiempo regresó a la Iglesia y se volvió a bautizar el 7 de noviembre de 1842, luego de lo cual se unió a los santos en el oeste.
El propósito de formar la sociedad fue permitir a los miembros de la Iglesia obtener préstamos, así podían ayudarse uno al otro en construir la Iglesia donde estuvieran. La sociedad no fue formada como parte de la Iglesia, si no como un negocio por el cual los hombres podrían ayudar a otros miembros de la Iglesia. José Smith nunca declaró haber recibido un mandamiento o revelación para formar la sociedad, pero sintió que había sido guiado por el Espíritu para llevarla a cabo. Sin embargo, cuando las cosas empezaron a fallar, como sucedió en toda la nación, muchos miembros enfadados de la sociedad culparon a José exclusivamente, y declararon que él era un profeta caído. José les señaló que eso fue por su avaricia y especulación, así como su fracaso de seguir su consejo, lo que al final llevó a la sociedad a la quiebra.
José describió el ambiente de mayo de 1837, diciendo,
“En ese momento, el espíritu de especulación en las tierras y propiedades de toda clase, lo que era común en toda la nación, estaba penetrando a fondo en la Iglesia. Como los frutos de ese espíritu, conjeturas nocivas, críticas, desunión y la apostasía siguieron en rápida sucesión y parecía que todos los poderes de la tierra y del infierno estaban combinando su influencia de una manera especial para derrocar a la Iglesia de una vez, y destruirla…. El enemigo afuera y los apóstatas en medio de nosotros, unieron sus planes, el harina y los víveres los enviaron a otros mercados, muchos se han vuelto desafectos hacia me, ya que piensan que soy la única causa de esos males contra los cuales yo estaba luchando vigorosamente.”
Muchas personas, no sólo dejaron la Iglesia, si no que unieron sus fuerzas contra ella. Algunos de los miembros de los quórums del sacerdocio (incluyendo el Quórum de los Doce) se volvieron contra José y hasta trataron de apropiarse del Templo de Kirtland. Aquellos que permanecieron fieles, aunque todavía tenían el verdadero Espíritu del Señor con ellos, se dieron cuenta que José no era culpable. Ellos aún lo reconocieron como un profeta verdadero y permanecieron fieles a él y al Señor.
Este espíritu de especulación, al cual se refería José, no se limitaba sólo a los mormones. Se extendió en toda la nación e incontables bancos fracasaron. Sólo en la ciudad de New York se acumularon más de $100,000 en pérdidas. El Presidente Van Buren convocó una sesión extra del congreso, “para atender las reuniones por las demandas al tesoro con moneda legal.” Esta sesión extra duró cinco o seis semanas. Incontables bancos habían sido formados en el país, muchos estaban imprimiendo sus propios billetes, lo que causó una inundación en el mercado de moneda que no tenía valor.
Eliza R. Snow, hermana de uno de los últimos presidentes de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, Lorenzo Snow, lo citó para describir este espíritu de especulación,
“Muchos de los santos eran pobres, ahora la prosperidad llegó a ellos – el templo estaba terminado, dentro del templo habían recibido bendiciones maravillosas, muchos que habían sido humildes y fieles en la realización de cada deber – listos para ir y venir en cada llamamiento del sacerdocio, empezaron a tener altanería en sus corazones, y a envanecerse con el orgullo de sus corazones. A medida que los santos bebieron del amor y el espíritu del mundo, el Espíritu del Señor empezó a alejarse de sus corazones, y se llenaron de orgullo y odio hacia los que todavía mantenían su integridad. Ellos se unieron en un partido contrario – pretendiendo que ellos constituían la Iglesia, y reclamando que el templo les pertenecía, aún intentaron ocuparlo.”
A pesar de estos tiempos tumultuosos, la Iglesia no sólo sobrevivió, sino que prosperó. Los miembros que habían permanecido fieles habían fortalecido sus testimonios, todos los intentos fracasaron para destruir a la Iglesia, a José y a los santos.
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