Jesucristo

Todo en las doctrinas y prácticas de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (en ocasiones inadvertidamente llamada la “Iglesia Mormona”) apunta a Cristo, especialmente centrándose en la expiación del Salvador por la humanidad, el evento más importante en toda la historia del mundo.

 

christus-jesus-christ-mormonLa Iglesia de Jesucristo es la completa restauración de la iglesia primitiva de Cristo, como Él la estableció durante Su ministerio entre los judíos, con apóstoles y profetas a la cabeza. Las llaves para administrar Su Iglesia fueron restauradas en tiempos modernos por Jesucristo mismo, por medio de la ministración de ángeles en la tierra. Dios ha restaurado la autoridad de actuar en Su nombre, y Su poder para hacerlo, al igual que en los tiempos del cristianismo primitivo, cuando los apóstoles realizaron muchos milagros en el nombre de Cristo.

Para esta restauración es primordial el poder expiatorio de Jesucristo. Dijo el primer profeta de la restauración, José Smith:

“Los principios fundamentales de nuestra religión son el testimonio de los apóstoles y de los profetas concernientes a Jesucristo: que murió, fue sepultado, se levantó al tercer día y ascendió a los cielos; y todas las otras cosas que pertenecen a nuestra religión son únicamente apéndices de eso…” (Enseñanzas del Profeta José Smith, p. 52).

Qué creen los mormones acerca de Cristo

Los mormones se unen al resto del mundo cristiano al proclamar que Jesús nació en Belén de la virgen María luego de que el Espíritu Santo le hiciera sombra. Alma, un profeta del Libro de Mormón, declaró muchos años antes del nacimiento del Salvador:

Y he aquí, nacerá de María, en Jerusalén, que es la tierra de nuestros antepasados, y siendo ella virgen, un vaso precioso y escogido, a quien se hará sombra y concebirá por el poder del Espíritu Santo, dará a luz un hijo, sí, aun el Hijo de Dios (Alma 7:10).

Nefi, otro profeta antiguo del Libro de Mormón, dijo:

Y me dijo: He aquí, la virgen que tú ves es la madre del Hijo de Dios, según la carne.

Y aconteció que vi que fue llevada en el Espíritu; y después que hubo sido llevada en el Espíritu por cierto espacio de tiempo, me habló el ángel, diciendo: ¡Mira!

Y miré, y vi de nuevo a la virgen llevando a un niño en sus brazos. Y el ángel me dijo: ¡He aquí, el Cordero de Dios, sí, el Hijo del Padre Eterno! (1 Nefi 11:18-21).

Los pueblos del Libro de Mormón fueron llevados fuera del área de Jerusalén alrededor de 600 a.C., justo antes de que Babilonia invadiera a los judíos. Llevados a las Américas, ellos seguían la ley de Moisés, pero sus profetas les enseñaron a ver en dirección a la venida de Cristo. Vieron las señales de Su nacimiento, y experimentaron terribles devastaciones al momento de Su muerte, durante lo cual los más malvados entre ellos fueron muertos. Luego Cristo los visitó en Su estado resucitado y organizó Su iglesia entre ellos bajo el mismo modelo que utilizó en Israel.

Y he aquí, la tercera vez entendieron la voz que oyeron; y les dijo: He aquí a mi Hijo Amado, en quien me complazco, en quien he glorificado mi nombre: a él oíd. Y aconteció que al entender, dirigieron la vista hacia el cielo otra vez; y he aquí, vieron a un Hombre que descendía del cielo; y estaba vestido con una túnica blanca; y descendió y se puso en medio de ellos. Y los ojos de toda la multitud se fijaron en él, y no se atrevieron a abrir la boca, ni siquiera el uno al otro, y no sabían lo que significaba, porque suponían que era un ángel que se les había aparecido.

Y aconteció que extendió la mano, y habló al pueblo, diciendo: He aquí, yo soy Jesucristo, de quien los profetas testificaron que vendría al mundo. Y he aquí, soy la luz y la vida del mundo; y he bebido de la amarga copa que el Padre me ha dado, y he glorificado al Padre, tomando sobre mí los pecados del mundo, con lo cual me he sometido a la voluntad del Padre en todas las cosas desde el principio (3 Nefi 11:6-11).

El testimonio registrado en el Libro de Mormón es un segundo testimonio para la Biblia de que Jesús es el Hijo de Dios, que sin duda nació de María, una virgen, en Belén, de que Él ministró a los judíos, fue crucificado y nuevamente se levantó al tercer día, los primeros frutos de la resurrección.

Los mormones creen que Jesucristo es el Hijo de Dios y es un ser separado de Su Padre, aunque son uno en propósito y naturaleza divina. Los mormones creen que el estado resucitado de Cristo es Su estado final y eterno, y que la resurrección es perfección. Cristo comparte los atributos divinos del Padre; son omniscientes, omnipotentes y todo misericordiosos y amorosos.

Jesucristo es nuestro Salvador y Redentor

 

Los mormones creen que Jesucristo es el Salvador de la Humanidad. Sobre las condiciones de nuestra fe y arrepentimiento, podemos asirnos a la infinita expiación que Él forjó para nosotros y encontrar la salvación y la exaltación luego de dejar esta existencia mortal.

Y bajo este título sois librados, y no hay otro título por medio del cual podáis ser librados. No hay otro nombre dado por el cual venga la salvación; por tanto, quisiera que tomaseis sobre vosotros el nombre de Cristo, todos vosotros que habéis hecho convenio con Dios de ser obedientes hasta el fin de vuestras vidas (Mosíah 5:8).

Cristo nos salvó de la muerte. Debido a Su expiación, todos resucitaremos, tanto los malvados como los justos, con cuerpos inmortales perfectos, para vivir por siempre. Debido a Su expiación, casi todos heredaremos un reino de los cielos.

… porque el Espíritu es el mismo, ayer, hoy y para siempre. Y la vía está preparada desde la caída del hombre, y la salvación es gratuita (2 Nefi 2:4).

La exaltación en la presencia de Dios está condicionada al arrepentimiento de nuestros pecados y a guardar los mandamientos de Dios.

Y las primicias del arrepentimiento es el bautismo; y el bautismo viene por la fe para cumplir los mandamientos; y el cumplimiento de los mandamientos trae la remisión de los pecados;

y la remisión de los pecados trae la mansedumbre y la humildad de corazón; y por motivo de la mansedumbre y la humildad de corazón viene la visitación del Espíritu Santo, el cual Consolador llena de esperanza y de amor perfecto, amor que perdura por la diligencia en la oración, hasta que venga el fin, cuando todos los santos morarán con Dios (Moroni 8:25, 26).

Si me amáis, guardad mis mandamientos (Juan 14:15).

Jesús vendrá nuevamente

Vivimos en la “última dispensación de los tiempos” antes de la Segunda Vvenida de Jesucristo. El reino de Dios en la tierra ha sido restaurado en preparación para la venida de Cristo. Los miembros de ese reino están trabajando para convertirse más a semejanza de Cristo y reunirse en la pureza de corazón. Este es un tiempo de creciente maldad y confusión. Pero Cristo nutre a aquellos que claman a Él por ayuda y consuelo, sin importar su religión. Al momento de Su venida, estén preparados para recibirlo como Sus ujieres en Su reinado milenario de paz.

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