La Gracia de Jesucristo

La gracia de Dios hace más que proporcionarnos la salvación; nos concede paz y ayuda cada día de nuestras vidas, si clamamos a Dios y tenemos fe en el Salvador.

mormon-jesucristoLa doctrina de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (a menudo apodada la “Iglesia Mormona”) es que ninguno de nosotros puede calificar para la salvación haciendo uso de su propio poder. Nadie es lo suficientemente puro para entrar a la presencia de Dios sin la amorosa benevolencia y misericordia de Dios haciendo la diferencia entre nuestra imperfección y la perfección de Dios. Hay muchos versículos en la Santa Biblia que hablan de la gracia de Dios. Hay muchos más en el Libro de Mormón, la Doctrina y Convenios (una colección de revelaciones de tiempos modernos), y la Perla de Gran Precio.

En el Libro de Mormón leemos…

Sí, venid a Cristo, y perfeccionaos en él, y absteneos de toda impiedad, y si os abstenéis de toda impiedad, y camáis a Dios con toda vuestra alma, mente y fuerza, entonces su gracia os es suficiente, para que por su gracia seáis perfectos en Cristo; y si por la gracia de Dios sois perfectos en Cristo, de ningún modo podréis negar el poder de Dios.

Y además, si por la gracia de Dios sois perfectos en Cristo y no negáis su poder, entonces sois santificados en Cristo por la gracia de Dios, mediante el derramamiento de la sangre de Cristo, que está en el convenio del Padre para la remisión de vuestros pecados, a fin de que lleguéis a ser santos, sin mancha (Moroni 10:32, 33).

No obstante, el Señor Dios nos manifiesta nuestra debilidad para que sepamos que es por su gracia y sus grandes condescendencias para con los hijos de los hombres por las que tenemos poder para hacer estas cosas (Jacob 4:7).

Y he aquí, he venido con grandes esperanzas y con mucho anhelo de hallar que os habíais humillado ante Dios y que habíais continuado suplicando su gracia; de hallar que estabais sin culpa ante él…(Alma 7:3).

Y si los hombres vienen a mí, les mostraré su debilidad. Doy a los hombres debilidad para que sean humildes; y basta mi gracia a todos los hombres que se humillan ante mí; porque si se humillan ante mí, y tienen fe en mí, entonces haré que las cosas débiles sean fuertes para ellos (Éter 12:27).

Y mi alma también se deleita en los convenios que el Señor ha hecho a nuestros antepasados; sí, mi alma se deleita en su gracia, y en su justicia, y poder, y misericordia en el gran y eterno plan de redención de la muerte (2 Nefi 11:5).

Por tanto, mis amados hermanos, reconciliaos con la voluntad de Dios, y no con la voluntad del diablo y la carne; y recordad, después de haberos reconciliado con Dios, que tan sólo en la gracia de Dios, y por ella, sois salvos (2 Nefi 10:24).

mormon-jesucristo-Segunda-VenidaLos profetas y apóstoles mormones han enseñado a los hijos de Dios acerca de la gracia, instándoles a buscarla en sus vidas y para la vida venidera.

“[Gracia es] una palabra que figura con frecuencia en el Nuevo Testamento, especialmente en los escritos de Pablo. La idea principal de la palabra es: medios divinos de ayuda o fortaleza, que se dan a través de la abundante misericordia y amor de Jesucristo.

“Es por medio de la gracia del Señor Jesucristo, que Su sacrificio expiatorio hace posible que la humanidad se levante en inmortalidad, cuando cada persona recibirá su cuerpo de la tumba en un estado de vida sempiterna. Es igualmente mediante la gracia del Señor que las personas, por medio de la fe en la expiación de Jesucristo y el arrepentimiento de sus pecados, reciben fortaleza y ayuda para realizar buenas obras que de otro modo no podrían conservar si tuvieran que valerse por sus propios medios. Esta gracia es un poder capacitador que permite a los hombres y a las mujeres asirse de la vida eterna y la exaltación después de haber dedicado su mejor esfuerzo”.

Doy mi testimonio de la realidad viviente del Pan de Vida, Jesucristo, y del infinito poder y alcance de Su expiación. En última instancia, Su expiación y Su gracia es lo que constituye el pan nuestro de cada día. Deberíamos buscarlo a Él a diario, hacer Su voluntad cada día y llegar a ser uno con Él, como Él es uno con el Padre (véase Juan 17:20–23). Al hacerlo, ruego que nuestro Padre Celestial nos conceda nuestro pan de cada día.

El arrepentimiento, por sí mismo, no salva al hombre. Es la sangre de Jesucristo la que nos salva. No es sólo mediante un cambio sincero y honrado que nos salvamos sino “por la gracia… nos salvamos, después de hacer cuanto podamos” (2 Nefi 25:23). El verdadero arrepentimiento, sin embargo, es la condición que se requiere para recibir el perdón de Dios en nuestra vida.

Las afirmaciones sagradas que he tenido acerca del Salvador y de Su Iglesia restaurada las recibí por primera vez cuando era joven al leer el Libro de Mormón. Fue mientras leía ese registro sagrado que sentí, una y otra vez, los susurros innegables del Espíritu Santo que declaraban su veracidad a mi alma.

Leer el libro fue el comienzo de mi luz; fue la fuente de mi primera certeza espiritual de que Dios vive, de que Él es mi Padre Celestial y de que en la eternidad se había diseñado un plan de felicidad para mí. Ello me llevó a amar la Santa Biblia y los demás libros canónicos de la Iglesia; me enseñó a amar al Señor Jesucristo, a vislumbrar Su compasión misericordiosa y a considerar la gracia y la grandeza de Su sacrificio expiatorio.

¿Deberíamos ignorar este gran regalo de misericordia y poder capacitador que puede compensar nuestra debilidad en la vida mortal y regresarnos a la presencia de Dios en inmortalidad? ¿Deberíamos atravesar la vida lo mejor que podamos sobre nuestro propio poder? Muchos lo hacen. Por lo menos lo intentan. Pero bendecida es la persona que llega a un punto en el que se da cuenta de que el poder humano no es suficiente, y que hay una vasta realidad que no se ve, llena de bendiciones y dones que pueden ser aprovechadas si uno se pusiera de rodillas y buscara la gracia del Salvador. La expiación ya ha sido realizada. Cristo ya ha sufrido por los pecados de todos los hombres y mujeres que vivirán alguna vez en esta tierra. Al igual que uno espera a que se enciendan las luces en una habitación cuando se mueve el interruptor, conociendo el poder que ya está allí y disponible, así es la gracia de Dios. Permanece lista con el poder final, siempre accesible y capacitador, si sólo llamamos a Él.

Recursos Adicionales:

Creencias mormonas básicas y verdaderos mormones

Jesucristo en el mormonismo

La Biblia en el mormonismo

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