La Luz de Cristo

La luz de Cristo es la energía, poder o influencia divina que procede de Dios por medio de Cristo y da vida y luz a todas las cosas. En Juan 8:12 dice:

cristo-religion-mormonaY Jesús les habló otra vez, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida.

Toda persona nace con la luz de Cristo dentro de ella. La luz de Cristo sirve como la conciencia y guía moral natural de la persona. En ocasiones, el Espíritu Santo también puede testificar a una persona y guiarlo en su camino en el evangelio, hasta que pueda obtener la constante presencia del Espíritu Santo luego del bautismo por la autoridad apropiada. La luz de Cristo puede llevar a una persona a la salvación.

Pero el que vive conforme a la verdad viene a la luz, para que se ponga de manifiesto que sus obras son hechas en Dios (Juan 3:21).

La luz de Cristo se desvanece dentro de una persona, si el cuerpo de esa persona se vuelve un lugar impuro para morar, o si la persona constantemente toma decisiones que lo alejen de la luz y lo lleven a la oscuridad de la maldad.

El canon de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, en ocasiones apodada la “Iglesia Mormona”, tiene todas las referencias bíblicas con respecto a la luz de Cristo, además de conocimiento adicional proporcionado por otros textos y registros antiguos  de revelación moderna.

La Luz de Cristo es la Ley y el Poder por el cual todas las cosas son gobernadas en el cielo y la tierra:

Quien ascendió a lo alto, como también descendió debajo de todo, por lo que comprendió todas las cosas, a fin de que estuviese en todas las cosas y a través de todas las cosas, la luz de la verdad, la cual verdad brilla. Ésta es la luz de Cristo. Como también él está en el sol, y es la luz del sol, y el poder por el cual fue hecho.

Como también está en la luna, y es la luz de la luna, y el poder por el cual fue hecha; como también la luz de las estrellas, y el poder por el cual fueron hechas. Y la tierra también, y el poder de ella, sí, la tierra sobre la cual estáis. Y la luz que brilla, que os alumbra, viene por medio de aquel que ilumina vuestros ojos, y es la misma luz que vivifica vuestro entendimiento, la cual procede de la presencia de Dios para llenar la inmensidad del espacio,

la luz que existe en todas las cosas, que da vida a todas las cosas, que es la ley por la cual se gobiernan todas las cosas, sí, el poder de Dios que se sienta sobre su trono, que existe en el seno de la eternidad, que está en medio de todas las cosas (Doctrina y Convenios 88:6-13).

La Luz de Cristo no es el Espíritu Santo, pero ilumina a todos los hijos de Dios.

Porque la palabra del Señor es verdad, y lo que es verdad es luz, y lo que es luz es Espíritu, a saber, el Espíritu de Jesucristo. Y el Espíritu da luz a todo hombre que viene al mundo; y el Espíritu ilumina a todo hombre en el mundo que escucha la voz del Espíritu. Y todo aquel que escucha la voz del Espíritu, viene a Dios, sí, el Padre (Doctrina y Convenios 84:45-47).

Pues he aquí, a todo hombre se da el Espíritu de Cristo para que sepa discernir el bien del mal; por tanto, os muestro la manera de juzgar; porque toda cosa que invita a hacer lo bueno, y persuade a creer en Cristo, es enviada por el poder y el don de Cristo, por lo que sabréis, con un conocimiento perfecto, que es de Dios.

Mas he aquí, lo que es de Dios invita e induce a hacer lo bueno continuamente; de manera que todo aquello que invita e induce a hacer lo bueno, y a amar a Dios y a servirle, es inspirado por Dios (Libro de Mormón, Moroni 7:16, 13).

Cristo es la Luz del Mundo:

… no hay otro modo o medio por el cual el hombre pueda ser salvo, sino en Cristo y por medio de él. He aquí, él es la vida y la luz del mundo. He aquí, él es la palabra de verdad y de rectitud (Libro de Mormón, Alma 38:9).

Yo soy la luz y la vida del mundo. Soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin (Libro de Mormón, 3 Nefi 9:18).

Lo que es de Dios es luz; y el que recibe luz y persevera en Dios, recibe más luz, y esa luz se hace más y más resplandeciente hasta el día perfecto (D. y C. 50:24).

Perder la luz de Cristo

La luz de Cristo es la fuente de nuestra conciencia, y nuestra conciencia nos ayuda a discernir entre lo correcto e incorrecto, lo bueno y lo malo. Solía ser en la sociedad estadounidense, que la ética judeocristiana proporcionaba un contexto moral mayormente en línea con los mandamientos de Dios para Sus hijos. Robar y actividades sexuales inapropiadas conllevaron una gran culpa en la juventud, y la sociedad apoyó las normas que provocaban esta culpa. Hoy en día, toda clase de contexto moral se ha disipado. Thomas S. Monson, profeta y presidente de la Iglesia de Jesucristo, en la conferencia general de la Iglesia de octubre de 2011, citó un estudio de personas jóvenes terminado en el 2008 con 230 jóvenes adultos de todo Estados Unidos participando:

“Los entrevistadores hicieron preguntas abiertas acerca de lo correcto y lo incorrecto, los dilemas morales y el significado de la vida. En las respuestas erráticas… uno nota que los jóvenes tratan de encontrar algo lógico para decir con respecto a esos temas, pero no tienen ni las nociones ni el vocabulario para hacerlo.

“Cuando se les pidió que describieran un dilema moral que hubiesen afrontado, dos tercios de los jóvenes o no podían contestar a la pregunta o describieron problemas que no tenían nada que ver con lo moral, como por ejemplo si tenían el dinero suficiente para alquilar cierto apartamento o si tenían suficientes monedas para el parquímetro”.

“La posición a la cual la mayoría de ellos recurrió automáticamente una y otra vez es que las decisiones morales son sólo cuestión de preferencia individual. En rechazo a la sujeción ciega a la autoridad, muchos jóvenes se han ido al otro extremo” – simplemente siguiendo sus sentimientos y deseos, sin ningún contexto moral.

Quienes hicieron las entrevistas recalcaron que la mayoría de los jóvenes con quienes hablaron no “habían recibido los medios; ya fuese de las escuelas, las instituciones o sus familias; para cultivar sus intuiciones morales” (David Brooks, “If it Feels Right…”, New York Times, 12 de setiembre de 2011, nytimes.com).

El Espíritu de Dios no siempre contenderá con el hombre.

Porque el Espíritu del Señor no siempre luchará con el hombre. Y cuando el Espíritu cesa de luchar con el hombre, entonces viene una presta destrucción, y esto contrista mi alma.

Y además, el Señor Dios ha mandado a los hombres no cometer homicidio; no mentir; no robar; no tomar el nombre del Señor su Dios en vano; no envidiar; no tener malicia; no contender unos con otros; no cometer fornicaciones; y no hacer ninguna de estas cosas; porque los que tal hagan, perecerán.

Porque ninguna de estas iniquidades viene del Señor, porque él hace lo que es bueno entre los hijos de los hombres; y nada hace que no sea claro para los hijos de los hombres; y él invita a todos ellos a que vengan a él y participen de su bondad; y a nadie de los que a él vienen desecha, sean negros o blancos, esclavos o libres, varones o mujeres; y se acuerda de los paganos; y todos son iguales ante Dios, tanto los judíos como los gentiles (Libro de Mormón, 2 Nefi 26:11, 32, 33).

La Luz de Cristo penetrará en la oscuridad para encontrar toda alma que desee arrepentirse. El apóstol mormón, Jeffrey R. Holland, dijo:

Hoy, no sé quién en esta vasta audiencia quizás tenga que escuchar el mensaje del perdón inherente en esta parábola, pero por más tarde que piensen que hayan llegado, por más oportunidades que hayan perdido, por más errores que piensen que hayan cometido, sean cuales sean los talentos que piensen que no tengan, o por más distancia que piensen que hayan recorrido lejos del hogar, de la familia y de Dios, testifico que no han viajado más allá del alcance del amor divino. No es posible que se hundan tan profundamente que no los alcance el brillo de la infinita luz de la expiación de Cristo. [1]

El apóstol mormón, Robert D. Hales, dijo:

Tal vez ya sepan, en lo profundo de su alma, que Dios vive; quizá todavía no sepan todo acerca de Él y no entiendan todas Sus vías; pero la luz de la creencia está en ustedes, esperando que el Espíritu de Dios y la Luz de Cristo, que reciben al momento de nacer, la aviven y la intensifiquen. [2]

El apóstol mormón, Henry B. Eyring, dijo:

A cada hijo de nuestro Padre Celestial que llega a este mundo se le da, en el momento de nacer, el don gratuito de la luz de Cristo. Ustedes ya lo han percibido; es ese sentido que nos indica lo que es bueno y lo que es malo, lo que es verdadero y lo que es falso; y eso ha sido parte de ustedes desde el inicio de su trayecto en la vida. [3]

Recursos Adicionales:

Creencias mormonas básicas y verdaderos mormones

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