La aparición del Libro de Mormón

Las planchas de oro y la traducción de los registros

mormon planchas de oroEse verano, el 22 de septiembre de 1827, José Smith y Emma prestaron un caballo y una calesa y fueron a la colina donde yacían los registros grabados en planchas de oro. El ángel Moroni le dio los registros a José, así como el Urim y Tumin, un juego de dos piedras en un arco, que había sido usado por los antiguos profetas israelitas para recibir revelaciones (véase Exodo 28:30). Cada una de las planchas era tan delgada como aluminio enrollado, con caracteres grabados sobre ellas. Los testigos las describieron ya sea como oro o con la apariencia de oro. Estaban agarradas por tres anillos y medían cerca de seis por seis por ocho pulgadas de grueso.

Dos tercios de los registros estaban sellados y José nunca tradujo esa parte. Por los siguientes meses, él estudió los registros mediante la ayuda del Urim y Tumin. Empezó el trabajo de la traducción con Emma como su escribiente.

Las noticias que José tenía registros grabados sobre planchas de metal con la apariencia de oro, se extendieron en la comunidad circunvecina, muchas personas intentaron obtener las planchas de José. José fue atacado muchas veces y hasta le dispararon. Hyrum Smith, el hermano de José, hizo una caja de madera para esconder las planchas y la cual podía esconderse bajo una piedra floja en la chimenea o en barriles usados para almacenar comestibles. José se vio forzado a mudarse varias veces durante el proceso de traducción.

Poco antes, un granjero local llamado Martin Harris, quien era mayor y muy respetado en la comunidad, se interesó en el registro y ayudó a José como escribiente en el inicio de la traducción. Martín estaba curioso pero también escéptico. José Smith necesitaba encontrar patrocinadores, y trató de convencer a Harris que el trabajo era genuino. Finalmente, José copió algunos de los caracteres de las planchas en un pedazo de papel, junto con su traducción inicial. Harris fue a Albany y a la ciudad de New York para enseñarles los caracteres y la traducción a varios académicos, con la esperanza de confirmar que el trabajo fuera preciso.

Harris visitó a Charles Anthon en el Columbia College (ahora Universidad), a quien le enseñó los caracteres. Los relatos posteriores de Anthon y Harris de alguna forma se contradicen, Harris aseguró que Anthon confirmó la antigüedad de los caracteres y la precisión de la traducción, mientras que luego Anthon declaró que él no hizo eso, si no que pidió ver el libro. Cuando Harris contestó que no podía llevar los anales porque estaban sellados, después de decirle a Anthon que un ángel de Dios le había enseñado a José donde estaban enterrados los anales, Anthon rechazó todo el asunto y declaró, “No puedo leer un libro sellado.” No importa lo que haya sucedido exactamente, Harris se convenció de la veracidad del trabajo que José Smith estaba emprendiendo y aun estuvo dispuesto a financiarlo económicamente hasta que el trabajo se terminó. Los mormones reconocieron esto como un cumplimiento de la profecía hecha en Isaías 29, donde un libro es llevado a un hombre instruido quien no es capaz de leerlo, y luego se le da a un hombre no instruido, quien, por el poder de Dios, puede leerlo.

La esposa de Harris, Lucy, necesitaba estar más convencida. Ella se enojó por el tiempo que Martin pasaba con José y porque Martin tenía la buena voluntad de darle dinero a José cuando lo necesitaba. En el verano de 1828, después de traducir y escribir a mano 116 páginas, Martin le rogó a José que lo dejara enseñarle la traducción a su esposa, así ella sabría que él realmente estaba trabajando en algo. José oró al Señor sobre esto y recibió un definitivo “no” del Señor, pero Martin fue insistente. Dos veces más José oró al Señor para permitir que Martin se llevara prestados los manuscritos. Finalmente, en la tercera petición de José, el Señor dijo que sí, pero sólo si Martin juraba enseñárselos únicamente a unas pocas personas designadas. Martin estuvo de acuerdo y José le dio los manuscritos.

Al poco tiempo después que Martin Harris se fue a su casa en Palmyra, Emma, la esposa de José, dio a luz a un hijo, a quien llamaron Alvin, en honor al hermano mayor de José que falleció. El bebé Alvin murió el día que nació, Emma se puso muy enferma, parecía que también moriría. Por casi dos semanas, José estuvo al lado de su cama, raramente dormía o comía. Una vez que ella mejoró ligeramente, su atención recayó en las 116 páginas del manuscrito. Martin se había ido por tres semanas, José no había escuchado nada sobre él.

Emma animó a José a que fuera a Palmyra, José la dejó al cuidado de su madre, Lucy. Lleno de ansiedad por la seguridad del manuscrito, José tomó una diligencia desde Harmony, sin comer o dormir. Luego caminó otras veinte millas en la noche. José llegó a la casa de sus padres en Manchester, New York, y envió por Martin, preparó un desayuno para él, con la esperanza de la pronta respuesta de Martin.
Martin llegó horas más tarde de lo esperado. Había perdido las hojas manuscritas, ahora conocidos entre los mormones como “las 116 páginas.” Había roto su juramento y enseñó los escritos a muchas otras personas interesadas, eventualmente las perdió. José estaba devastado. En una revelación subsecuente dada a José Smith, el Señor lo reprendió por no aceptar la primera respuesta del Señor a su solicitud, y por temer a los hombres más que a Dios. Por un tiempo, le quitaron a José las planchas y el Urim y Tumin. Después José dijo que ese fue uno de los peores períodos en su vida.

Cuando las planchas se le confiaron a José una vez más, se le ordenó a José no traducir aquellos pasajes ya traducidos y perdidos. El Señor reveló que aquellos que habían robado los escritos estaban planeando alterarlos y publicarlos cuando José volviera a traducir los anales, así intentar probar que él no traducía, o que el trabajo era un fraude. En lugar de ello, el Señor le dijo a José que siguiera adelante y que tradujera los anales como estaban, porque contenían un resumen de esas 116 páginas en otro lugar en el texto antiguo.

La llegada de Oliver Cowdery

Poco después de este episodio, una maestro de escuela, llamado Oliver Cowdery, llegó a trabajar en el área de Palmyra y oyó sobre José Smith, a quien las personas locales despreciativamente llamaban “Joe Smith” o “Peepstone Joe” y su “Biblia de oro.” Con curiosidad, Oliver visitó la casa de José y habló con Hyrum, hermano mayor de José. José Smith y Emma estaban por el momento viviendo con la familia de Emma en el sur de New York, donde ellos habían huido para tener alivio de la persecución y el acoso. En abril de 1829, Oliver viajó para visitarlos. Los encontró en Harmony, Pennsylvania.

Muy rápido, después de reunirse con José Smith y Emma, Oliver se convenció que el trabajo era verdadero y se convirtió en el escriba principal de José y en un buen amigo. Oliver fue el escriba principal del borrador manuscrito del Libro de Mormón, como el registro de las planchas de oro se llamaría. Desde el 7 de abril a la última semana de junio de 1829, José dictó y Oliver escribió. En sesenta días hábiles, restando los días que ellos usaron para viajar y hacer otro trabajo, prácticamente tradujeron todo lo que es ahora el Libro de Mormón.

Los testigos del Libro de Mormón

Una de las cargas de José durante este período había sido hacer la traducción solo, aunque varios diferentes escribas le ayudaron. Por la instrucción del ángel, únicamente a él le era permitido ver y tocar las planchas, a menos que Dios instruyera otra cosa. Finalmente, José obtuvo su respuesta cuando tradujo un pasaje en Éter 5:4, que declara, “Y en boca de tres testigos se establecerán estas cosas; y el testimonio de tres, y esta obra, en la cual se mostrará el poder de Dios y también su palabra, de la cual el Padre, y el Hijo, y el Espíritu Santo dan testimonio; y todo esto se levantará como testimonio contra el mundo en el postrer día.”

Tres hombres fueron elegidos para ser estos testigos especiales del Libro de Mormón: Oliver Cowdery, Martin Harris y David Whitmer, quien también sirvió como escribiente. Los cuatro hombres se retiraron al bosque cerca de Fayette y oraron en turnos para una manifestación de Dios. Después de algún tiempo, Harris se retiró, sintió que él era la causa por la que no tenían una visión celestial. Después que se alejó, un ángel apareció a los tres hombres restantes y les enseñó las planchas, el Urim y Tumin y otros artefactos. Los hombres relataron haber escuchado la voz de Dios, ordenándoles testificar al mundo que estas cosas eran verdaderas. Se les permitió ver, tocar y alzar las planchas. Después que la visión se cerró, José encontró a Martin Harris solo, orando en el bosque. Los dos continuaron orando y por fin el ángel volvió a aparecer, Harris vio las mismas cosas. Su testimonio se encuentra al principio de cada copia del Libro de Mormón como “El Testimonio de los Tres Testigos.”

Poco tiempo después, se le permitió a José enseñarles las planchas a otros ocho hombres: Christian Whitmer, Jacob Whitmer, Peter Whitmer, hijo; John Whitmer, Hiram Page, Joseph Smith, padre, Hyrum Smith y Samuel Smith. Su testimonio se conoce como “El Testimonio de los Ocho Testigos.” Ninguno de estos once hombres negaron este testimonio, aunque ellos soportaron dificultades severas y aún fueron amenazados de muerte. Aunque algunos después se retiraron de la Iglesia Mormona a causa de desacuerdos no relacionados, ellos nunca negaron sus testimonios sobre el Libro de Mormón. De los once, siete murieron en plena comunión con la Iglesia Mormona y los cuatro restantes, David Whitmer, John Whitmer, Jacob Whitmer y Hiram Page, continuaron afirmando que el Libro de Mormón era verdadero, a pesar que los malentendidos y conflictos los llevaron a abandonar la Iglesia Mormona. José Smith se sintió sumamente aliviado al tener a otros compartiendo la carga. Después que la traducción estuvo completa, José Smith regresó las planchas de oro al ángel Moroni, hasta que llegue el tiempo que el resto del registro deba ser traducido.

La publicación de El Libro de Mormón

Al conseguir los derechos de autor en junio de 1829, entonces José Smith intentó publicar el Libro de Mormón. E. B. Grandin, un editor en Palmyra, New York, estuvo de acuerdo en publicar el libro únicamente si recaudaban $3,000 dólares, por lo arriesgado de la empresa. Además José insistió que a Grandin nunca se le permitiría tener el manuscrito completo en su posesión. Se hizo una copia a mano y cada día, varias páginas se le quitaban al editor, cuando ponía los tipos e imprimía las páginas. Al final del día, las páginas se le devolvían a José.

Las noticias de la próxima publicación alborotaron a la prensa local, y hasta a los principales periódicos en la ciudad de New York. Un periodista local, llamado Abner Cole, que escribía bajo el seudónimo de Obadiah Dogberry, robó varias páginas impresas del Libro de Mormón y las publicó ilegalmente en su periódico, junto con comentarios burlones. José, quien tenía los únicos derechos de autor, lo amenazó con una acción legal y el escritor no siguió más.

A finales de marzo de 1830, las primeras copias del Libro de Mormón fueron publicadas y empezó el primer trabajo misional cuando José Smith instruyó a su hermano, Samuel Harrison Smith, a que se llevara varias copias del libro y empezara a compartir el mensaje. Samuel lo hizo, y tuvo un éxito moderado distribuyendo las copias, pero regresó pronto. Con el Libro de Mormón publicado y la autoridad del sacerdocio restaurada, llegó el tiempo de organizar la Iglesia oficialmente.

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